13 de agosto de 2019
13.08.2019
inventario de perplejidades

El portero que jugaba con los pies

12.08.2019 | 22:12

El final de unos días de asueto me trae la triste noticia de la muerte de Juan Ignacio Otero (1929- 2019) portero de fútbol que jugó como profesional en el Deportivo, en el Betis y en el Granada donde se retiró con 37 años de edad. También era conocido (sobre todo en A Coruña) bajo los apodos de Floreal y de Parrocho y ganó el Trofeo Zamora en 1954 por ser el portero menos batido aquel año en la Primera División. Con unas condiciones físicas extraordinarias practicó con éxito otras facetas deportivas como el atletismo y la natación, especialidad en la que consiguió un subcampeonato de España en 100 metros espalda. La agilidad con la que se movía bajo los palos, tanto en los balones altos (gracias a su elevada estatura) como en los que venían a ras de hierba era su virtud principal. En un partido contra el Sevilla en el campo de Riazor, sufrió un intenso asedio al que respondió con todo tipo de paradas para desesperación de los delanteros blancos, entre los que destacaba el internacional navarro Juanito Arza. En uno de los muchos lanzamientos que afrontó aquel día, el portero coruñés pudo rechazar a duras penas un balón que se colaba junto a un poste. La pelota quedó botando dentro del área y Arza que estaba, como siempre, al acecho vio la ocasión de conseguir el ansiado gol golpeándola con fuerza hacia la otra esquina de la portería. Para sorpresa general, Otero, que estaba caído en el suelo, se levantó con la agilidad de un gato y consiguió atajarla. El internacional navarro se echó las manos a la cabeza y el público que daba ya el gol como inevitable prorrumpió en una gran ovación poblando el graderío de pañuelos blancos en homenaje al protagonista de una acción tan extraordinaria. No hay (que yo sepa) testimonio gráfico de la hazaña. En aquel tiempo no había televisión y los fotógrafos solían colocarse detrás de la portería del equipo visitante a la paciente espera de captar la imagen (muchas veces improbable) de un gol del equipo local. No obstante, la parada quedó grabada en la memoria de quienes la contemplaron en directo y en la imaginación que quienes recibieron la noticia por tradición oral. Juan Ignacio Otero, junto con el cambadés Manuel Pazos, fue uno de los dos porteros gallegos que disputaron la herencia del legendario Juan Acuña y no llegó a la internacionalidad porque coincidió en el tiempo con otros grandes cancerberos que desempeñaron esa misma labor en la nómina de equipos más potentes. Pero eso no impide reconocerle el enorme mérito de haber sido el precursor del juego de los porteros con los pies, una especialidad muy valorada actualmente por los entrenadores y los grandes tácticos del fútbol. Hasta el punto de que es una de las habilidades que más se valora en la medida que facilita el despliegue ofensivo del equipo. Pues bien, Otero fue el primero en practicarlo y salía lejos de la portería y hasta se atrevía a regatear a los contrarios. El público no lo entendía y hasta se lo censuraba. "Pero, ¿a donde vas Parrocho?" le gritaban. A tales atrevimientos la gente les llamaba parrochadas.

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