13 de septiembre de 2019
13.09.2019
LO QUE HAY QUE OÍR

La vida a cascoporro

12.09.2019 | 21:15

Dice el pope Nicholas Negroponte: "Mucha gente, yo incluido, no consumimos textos largos. Hoy consumo más palabras, pero todo en trozos de unas 250". Como el tipo dirige el mítico Media Lab del Instituto de Tecnología de Massachusetts, cualquiera le lleva la contraria. Así que „con el permiso de ustedes, queridos lectores„ más de una vez trocearé estos mis artículos en párrafos breves. Les harán más fácil su digestión. Además, me permitirán comentar varias noticias juntas cada semana o cada quincena. Gracias 250 mil veces.

Sobre Gil y Gil escribí aquí la semana pasada. "Gil" significa "simple" en Argentina y Uruguay. O sea, manso, apacible, incauto. "El que no afana es un Gil", canta Santos Discépolo en Cambalache. También significa "mentecato y abobado", según la 6ª acepción del Diccionario de la RAE. Dice la leyenda „seguro que falsa„ que el entrenador de fútbol argentino Menotti colgó con violencia el aparato cuando le telefoneó el presidente Gil y Gil para contratarlo, teniendo la llamada por una broma. Acaso por doblar el apellido, por redundar. Me lo cuenta mi amigo el académico Salvador Gutiérrez, y también lo hacía Lázaro Carreter, a quien cedo la palabra: "He recordado algunas veces la maravillosa respuesta del último rey portugués, Manuel II, cuando, habiendo preguntado el nombre del embajador hispano que había de recibir aquella mañana, el pudoroso ayuda de cámara no se atrevía a decírselo. Por fin, ante la insistencia del monarca, acaba cediendo: 'No sé si debo, Majestad, pero se llama Raúl Porras y Porras'. Estos sustantivos nombran en portugués lo que cabe imaginar. El Rey, con una mueca de elegante contrariedad, se limitó a comentar: 'O que chateia (lo que molesta) é a insistència".

Dos parroquianos hablan en la cola de la pescadería sobre las próximas elecciones en cierto país, extranjero para mí, propio para ellos. Gritan mucho „como todo el mundo, ay„ de modo que imposible no escuchar lo que dicen:

-No podés volver a votar a Fulano, no seás pelotudo. Él y los suyos arruinaron a la nación. Hay una campaña mundial de prensa denunciándolo. Tenés que leer más.

-Boludeces. ¿La prensa? ¿Pero qué prensa dice eso? ¿Qué prensa leés vos?

Pues la prensa, hermano. La prensa seria: Facebook.

Lo dijo muy firme. Pidió que le limpiaran las bacaladas.

Noticia de un atraco en un periódico (no en Facebook: no era "prensa seria"). Dice así: "Fue asaltado por un ladrón que cree que pudo haberlo seguido desde la estación y que sabía que llevaba la recaudación". Cuánto nos gustan las rimas internas en prosa y cómo se nos escapan al escribir apurados (o lentos, qué sé yo: quizá ya ellas formen parte de nosotros) y a cuántos diablos juntos suenan. Qué alma de poetas ripisosos tenemos. En el titular que cito, cuatro palabras terminan en "-ón". Y menos mal que no aludió al lugar de los hechos: Gijón.

¿Les suena Terry Gilliam? Actor de cine, director... Seguro que lo han visto „interpretando varios papeles„ en La vida de Brian, junto a sus compañeros de Monty Python. Pues bien. Acabo de pasar varios días con mi hijo y no pude por menos que recordar una frase de Gilliam: "La gente joven ya no vive el momento porque está siempre en modo multitarea. Son como una neurona: su trabajo es recibir información y pasar esa información a otro rápidamente, sin pensar. Tal vez eso construya un gran cerebro global, pero no construye una vida". Estoy de acuerdo en parte, aunque igual daría estar de acuerdo que no estarlo: es lo que hay. Trato de asimilar las toneladas de información que mi vástago me pasa. Me quedo con alguna copla, pero pierdo la mayoría. La época de demorarse, de exprimir una anécdota con sus ritmos y pausas, de atender a la sutileza y al matiz ha pasado, muerto y finiquitado. El cerebro global es la nueva forma de vida. La vida a cascoporro.

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