02 de octubre de 2019
02.10.2019
La Opinión de A Coruña
Shikamoo, construir en positivo

Mayores

01.10.2019 | 22:20
Mayores

V oilà! Septiembre se fue, amigos y amigas, y aquí estamos otra vez, metidos ya en octubre. Y lo hacemos con estas líneas, escritas en un 1-O. Para mí, un día importante, cómo no. ¿Por aquello de Cataluña y de las veleidades de la política? No, por favor. Un 1-O, hace ya catorce años, daba yo un emocionado e íntimo sí, quiero. Las cosas que importan, vamos...

Y hablando de cosas que importan, hoy volvemos a tocar el tema de los mayores, uno de los más recurrentes para nosotros. Y no por casualidad, tampoco. No sé si saben que el 1-O es también el día internacional de las personas mayores. Una fecha importante, tal y como está el patio de la escasa valoración que a ellos se profesa.

Bueno, en realidad es que no solamente se excluye, margina y deja de valorar hoy a los mayores, sino que „por ejemplo desde el punto de vista laboral„ también a personas de mediana edad. Las empresas peores, las que no se enteran, las que buscan solamente un beneficio cortoplacista, efímero y especulativo prescinden a menudo de personas a partir de cincuenta y pocos años. Y eso, aunque sea disfrazado de ERE o de jugosas prejubilaciones, no deja de desangrar a tales corporaciones desde diferentes ángulos. Una pena, auspiciada por directivos sin la visión suficiente.

Pero, volviendo estrictamente a las personas mayores, aquellas que pasan de los 65 años, decir que nunca han sido, no son y no serán jamás un problema. Vivir más y mejor es, verdaderamente, una buena noticia. Y si nuestro modelo económico-social y nuestra sociedad y política no han sabido resolver el enorme y gravísimo problema demográfico que se nos viene encima, esto no puede ser culpa de los que, pasito a pasito, han ido cumpliendo años. El problema que tenemos en nuestras pirámides poblacionales invertidas es que no hay suficientes personas jóvenes, de forma que se asegure un cierto ritmo de reposición y un crecimiento vegetativo positivo. Pero nunca, repito, el hecho de que cada vez haya más personas que viven más y mejor.

El mayor, como tal, necesita una sociedad inclusiva, integradora y más justa específicamente con su grupo de edad. Y fue por eso que el 14 de diciembre de 1990 la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el 1 de octubre como tal Día de las Personas Mayores. Y no crean que esto es folclore: ser mayor es un factor de riesgo para ser más pobre, tanto económicamente como desde una perspectiva más abierta, pensando en todas las pobrezas. No hace falta que les recuerde el conjunto de noticias que aparecen cada vez más en nuestros diarios, hablándonos de mayores que viven solos y que mueren solos. Con frecuencia una soledad nada deseada, independientemente de que haya familia o no.

Es complejo hablar del mayor como un grupo homogéneo o compacto. Cada uno de nosotros es como es, posee su propia personalidad, y cualquier ejercicio de simplificación siempre lleva una cierta cuota de pérdida de focalización en la realidad. Sin embargo, sí que las personas mayores, en tanto que tal categoría, presentan algunos rasgos más o menos comunes. Y, de ellos, muchos son muy positivas y de gran valor para la sociedad. En otras latitudes tales valores ligados a la mayoría y a la ancianidad están muy presentes, y este que les escribe ha tenido varias oportunidades de asistir a sesiones de consejos de mayores, de ancianos o de adultos en diferentes países de África y América. El mayor es querido y respetado en muchas culturas y también, como no, en nuestra sociedad tradicional rural. La emigración a la ciudad, el desarraigo y la pérdida de la identidad cultural ha fulminado a la familia como núcleo de vida solidaria y a la vecindad como grupo de referencia, y esto se ha llevado por delante aquí, en nuestro contexto, muchos de los atributos que se suponían ligados a los mayores. Pero que tal cosa haya acontecido no significa que sea así. El mayor puede aportar mucho a la sociedad. Basta con darle la palabra.

La experiencia es no un grado, sino dos, o tres. La prudencia y la templanza, también. El venir de vuelta de muchas cosas, mucho más. Y el ver la realidad a la luz de otros acontecimientos vividos previamente, es un valor en sí. Todo ello lo tengo muy claro desde hace treinta años, cada vez con mayor firmeza. El mayor, además, es víctima de profundos prejuicios. Se habla del mayor de tal manera o de la otra, hasta posicionándole ideológica o sociológicamente, banalizándole o considerándole privado de criterio. Craso error. El mayor es fruto del devenir de cada cual, de su experiencia, sus vivencias, su formación y su enorme recorrido vital. Escuchar a los mayores da una luz a los argumentos que difícilmente puede ser articulada desde la bisoñez o la mera ambición cortoplacista más propia de otras etapas de la vida. La vejez, aunque a alguno de ustedes les pueda parecer esta afirmación un oxímoron, da fuerza.

Ser mayor es un regalo. Porque ya saben: la alternativa a no serlo nunca es mucho peor. Un regalo individual y, por supuesto, también un regalo hacia el colectivo.

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