03 de octubre de 2019
03.10.2019
La Opinión de A Coruña
Catedrático de Derecho Constitucional en la UDC

A propósito de la exhumación

02.10.2019 | 20:33

Este primero de octubre conmemoraban los independentistas catalanes el segundo aniversario del referéndum que iba a dar paso a su república independiente. El referéndum no dio resultado, Cataluña sigue siendo una de las diecisiete autonomías y la conmemoración solo reunió a unos cuantos jóvenes que hicieron lo que pudieron, que fue poco, por parar la vida social y económica catalana. Un fiasco el referéndum, la conmemoración y el procés.

En otro primero de octubre, el de 1936, tuvo lugar en Burgos el acto de Exaltación de Franco a la Jefatura del Estado tras su nombramiento como Jefe del Gobierno del Estado el 28 de septiembre por la Junta de Defensa Nacional. Franco era además Generalísimo de los tres ejércitos y en virtud del Decreto de 20 de abril de 1937 de Unificación de Falange Española y la Comunión Tradicionalista ocupó la Jefatura del nuevo y único partido, siendo responsable solamente ante Dios y ante la historia. Franco fue jefe del Estado hasta su muerte el 20 de noviembre de 1975, casi cuarenta y cuatro años que no es poco, y hace unos días el Tribunal Supremo ha dado vía libre a la exhumación de sus restos enterrados en el Valle de los Caídos.

La exhumación ha pasado desapercibida para millones de españoles, ha emocionado a otros millones más y ha indignado a muy pocos. La exhumación era obligada y debió hacerse tan pronto se aprobó la Constitución dando lugar a una democracia en las antípodas de la dictadura que presidió Franco con el apoyo de muchos españoles durante cuatro décadas. Los años de mayoría absoluta de los socialistas tanto en las instituciones como en la sociedad hubieran sido el momento propicio para, con discreción y rapidez, haber procedido en aras de la coherencia a la exhumación. De la coherencia, digo, porque era un contrasentido dispensar a los restos del dictador el reconocimiento público de un lugar central y mayestático en una basílica que pertenece a Patrimonio Nacional y que acoge los restos de miles de republicanos a los que Franco trató siempre como enemigos suyos, de Dios y de España. Para millones de españoles Franco no merecía tal reconocimiento ni debía tenerlo en el marco de los valores constitucionales, menos aún en un lugar que implica un notable grado de ensalzamiento.

Jurídicamente la exhumación no plantea dudas. La Ley de Memoria Histórica de 2007 dice en su artículo 16.2 que en el Valle de los Caídos no podrán celebrarse actos políticos ni de exaltación de la Guerra Civil, de sus protagonistas o del franquismo. Once años después, el Decreto Ley 10/2018 de 24 de agosto, ya con Sánchez en la presidencia del gobierno tras la moción de censura, añade un apartado 3 según el cual "sólo podrán yacer los restos mortales de personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil española...", lo que excluye, obviamente, a quien falleció en 1975. El Decreto no fue recurrido ante el TC y el Consejo de Ministros ya en 2019 acordó la aplicación de dicho artículo 16.3. Ahora el TS ha rechazado los recursos de la familia al entender que el Decreto Ley de 2018 no vulneró los derechos de igualdad, intimidad, libertad religiosa y de culto de los familiares; que el Decreto Ley no contiene una norma singular sino que tiene un contenido de aplicación general y, en fin, que el Decreto Ley satisface la exigencia de la urgencia y necesidad porque el Gobierno había sido instado por el Congreso en 2017 mediante una Proposición no de Ley y porque no es necesario que se trate de una emergencia. Además el TS resuelve que los restos mortales no irán a la catedral de la Almudena sino al panteón familiar de El Pardo porque aquella es un templo de gran significación y muy céntrico, lo que podría considerarse una contribución a proseguir con el ensalzamiento del dictador y aumentar el riesgo de acciones violentas.

Una exhumación conforme a derecho que era de justicia, tardía pero congruente con la democracia constitucional que tenemos hace más de cuarenta años.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook