04 de octubre de 2019
04.10.2019
La Opinión de A Coruña

Primeras encuestas

03.10.2019 | 22:23
Primeras encuestas

Llegan ya las primeras encuestas del nuevo curso político: sube el PP, cae Cs, la abstención parece dañar las expectativas electorales del PSOE y la irrupción de Más País actúa como un extraño catalizador para el votante de izquierdas. De repente, el abanico de colores de un hipotético Congreso vuelve a abrirse, como si el cúmulo de sorpresas que hemos vivido en estos últimos años no fuera suficiente. Y, de fondo, el recrudecimiento de las tensiones territoriales en Cataluña, motivado por la inminente sentencia del Tribunal Supremo y por la conciencia de que es el último cartucho que le queda al independentismo más radical tras el sonoro fracaso de la hoja de ruta de 2017. Cataluña preocupa y haríamos mal en olvidar que, si bien es posible que el problema se haya contenido, dista de haberse resuelto: seguirá marcando la agenda política durante años.

Pero ni el periodismo es la política ni el columnismo encierra todas las claves del ensayo; se debe, en parte, al acelerado cronómetro de la actualidad. Y hoy toca a unas primeras encuestas que reflejan las incertidumbres a las que se enfrenta el PSOE y el ligero optimismo que asoma al rostro de los populares. La barba romana de Casado busca alejar del recuerdo de los españoles la retórica crispada de las pasadas elecciones para ofrecer un perfil cercano a la responsabilidad. El cambio de look, el tono mesurado, el apego a la letra pequeña de las cuentas de la vida, quizás las primeras canas e incluso la recuperación de ciertas figuras del rajoyismo apelan al votante de clase media que anhela volver a la tranquilidad del bipartidismo. Que lo consiga o no es ya harina de otro costal, pero de entrada el PP cuenta con dos o tres bazas a su favor. La primera es el hartazgo ciudadano ante unas nuevas elecciones, el cual podría facilitar un incremento de la abstención socialista (este sería un escenario equivalente al que se vivió en Andalucía hace unos meses). La segunda supone la eventual caída en la expectativa de votos de Cs ante su giro a la derecha, aunque no conviene olvidar que el partido naranja resulta un formidable contendiente en las campañas. La tercera „ya menor„ es que, a pesar de los malos resultados de las autonómicas, el PP logró ganar Madrid y Andalucía, dos regiones decisivas por su peso demográfico y que actúan como punta de lanza para Pablo Casado.

Sin embargo, habría que matizar mucho el optimismo de los conservadores. En primer lugar, porque al PSOE le interesa azuzar el miedo a un posible gobierno de la derecha para activar su voto. A más miedo, diríamos, mayores expectativas para la izquierda y viceversa. En segundo lugar, porque nadie ha calibrado aún el efecto real de la llegada del partido de Errejón, la figura moderada de Unidas Podemos „hablamos por supuesto de imagen, porque nada hace pensar que Errejón responda a un perfil menos populista que Pablo Iglesias„. En tercer lugar, porque las incógnitas del otoño catalán son tantas y tan inquietantes que nadie puede aventurar sus consecuencias electorales ni qué votos catalizarán.

Lo único seguro es el cansancio de los ciudadanos, el cual oculta un malestar de ningún modo desdeñable. A pesar de todo, la política consiste en un arte noble sin el cual no sería posible ni la vida en común ni el progreso de las sociedades. No lo olvidemos en épocas de hartazgo.

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