15 de octubre de 2019
15.10.2019
la feliz gobernación

El priorato de Cuelgamuros

14.10.2019 | 20:21

Solo los viejos del lugar sabrán de El Priorato como una tasca en la que se servía vino en porrón con cacahuetes y había un policía con barba y trenca escuchando conversaciones. Las cosas han cambiado, no sé si el vino también; pero hablaremos de los prioratos en la sierra madrileña. Seguramente tenga más precauciones ante las sotanas que ante los hábitos; pero siempre me han reconcomido las meninges los uniformes talares autoritarios, siempre pegados a sus socios con uniformes armados, todos pertenecientes a escalafones decorados con diferentes colores, abalorios y rituales extraños que tratan de sostener un prestigio que humille al humilde; desde hace décadas recuerdo la discusión entre un cura y un guardia civil en la que se debatía qué uniforme imponía más respeto ante una multa de tráfico.

Hoy, siguen siendo uniformes aliados, no hay homenaje militar sin curas ni celebración patronal sin militares, como en el resto de las alianzas político-religiosas en otras civilizaciones.

Volvemos al Galdós que critica el papel de la iglesia y sus servicios a los ricos. La mujer de un usurero pedía en Las tormentas del 48 (Madrid, 1902): "Fomentemos también la religión de la que nace la conformidad del pobre con la pobreza. ¿Para qué pagamos tanto clérigo y tanto obispo y tanto capellán, si no es para que enseñen a los míseros la resignación y les hagan ver que mientras más sufran aquí, más fácilmente ganarán el cielo?"

A su lado podría estar Ricardo León, integrista, lo odia todo menos a cruzados, místicos y caballeros que han de leer a Alarcón, Pereda y Menéndez Pelayo; su mundo son las dos clases en la que reina la fe serena. El progreso es satánico. En Casta de hidalgos (1908) dice: "Ese espíritu moderno convertirá el mundo (...) en un campo estéril (...) sin dioses ni héroes con arreglo a un cálculo algebraico o una fórmula química".

Quizá por eso me hagan levitar los sofismas de los dos priores de Cuelgamuros que he escuchado: uno de ellos optaba por las razones del derecho eclesiástico, canónico o lo que sea, que han de triunfar sobre el derecho terrenal y el otro, por la intervención de su Dios en las falladas investiduras a la presidencia del Gobierno español. Ambos delirios dejarían a esta sociedad al borde del suicidio si la ciudadanía les hiciese caso. A estas horas, siguen infectando los informativos con las ocurrencias de los anhelantes del estraperlo que los hizo ricos en la posguerra y siguen viviendo de sus réditos arropados con banderas e himnos, sin que supieran reconvertirse a la especulación actual, como dios manda. Ya sabemos que han de ser ricos, pero que se lo curren sin que les pillen en el juzgado como a Espinosa de los Monteros y señora con su burdo trapicheo de sótanos y falta de licencias municipales para vender viviendas ilegales.

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