17 de octubre de 2019
17.10.2019
La Opinión de A Coruña

La gran brecha

16.10.2019 | 21:52

El paro es, desde hace cuarenta años, la principal preocupación de los españoles. Si hacemos caso al CIS, la segunda preocupación es la política, los políticos y la corrupción. Cierran el palmarés de nuestros desvelos los llamados problemas de índole económica. Siendo el paro un problema esencialmente económico, esta última categoría debe de referirse a la crisis que se nos viene encima.

Llevamos años en una continua campaña electoral. ¿Y cuáles son los asuntos estrella que plantean nuestros políticos? ¿De qué hablan en mítines y entrevistas? De lo fachas o progres que son sus contrincantes, de que España se merece líderes como ellos...Y, sobre todo, de la exhumación de los restos de Franco. Son asuntos todos que, en ningún caso van a contribuir a la solución de ninguno de nuestros problemas más acuciantes. De hecho, me declaro incapaz de encontrar la memoria histórica entre las prioridades recogidas por el CIS. Como dudo que a Tezanos se le haya olvidado, deduzco que debe de haber ido a parar al cajón de sastre denominado Otras respuestas.

Nuestros políticos parecen seguir la consigna del estricto capitán Beatty, en Farenheit 541, de Ray Bradbury. "Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado „sentenciaba el jefe de la unidad de bomberos "quemalibros"„, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, pues le preocuparás; enséñale solo uno. O, mejor aún, no le enseñes ninguno".

Aquí, para evitar que nuestros ciudadanos se sientan desgraciados, los líderes han optado por enseñar otros aspectos. Para distraer a los votantes, debe de ser. Por ejemplo: la jornada laboral de cuatro días, planteada por el Más País de Errejón. ¿Alguien cree que tal media va a paliar el drama del desempleo?

Revisando las propuestas de los partidos para luchar contra el paro, ya endémico, encontramos vaguedades: "más gasto en políticas de empleo", promete el PSOE. El PP se compromete a crear 500.000 puestos de trabajo „como ya hizo con poco éxito Alfonso Guerra hace décadas„, pero no dice cómo. Podemos eleva la apuesta a 600.000 empleos a base de restaurar edificios públicos. Ciudadanos habla de "reformas estructurales de empleo". Vox, de aplicar las políticas de Trump: "repatriar dinero de las filiales de las grandes empresas, reindustrializar el país y permitir que suba la Bolsa".

De lo que no habla ninguno es de la segunda preocupación de los españoles: "la política, los políticos y la corrupción". ¿Cómo recuperar la confianza de los ciudadanos, muy descontentos „por decirlo con suavidad„ con su clase política? Cero propuestas.

Escribía el consultor Andrés Medida que "el cabreo con los políticos no tiene precedentes", y citaba al analista político Isidoro Tapia: "Una campaña electoral es un éxito para una formación cuando centra el debate en aquellos temas en los que se siente más fuerte". Parece claro que nuestros políticos no se sienten fuertes ni con el paro ni con el desprestigio de la clase política y esa debilidad puede pasar factura. No solo a los líderes y a los partidos, sino, lo que es peor, a la sociedad entera.

Vivimos en un tiempo marcado por las brechas: la generacional, la digital, la económica, la de los periodistas y sus lectores. Y ya sabemos que las brechas son la antesala de la ruptura. El economista americano Joseph E. Stiglitz „autor de La gran brecha y asesor del PSOE, por cierto„ lo dejaba sentado: "La democracia real es algo más que el derecho a votar cada dos o cuatro años. Las opciones tienen que ser significativas. Los políticos tienen que escuchar la voz de los ciudadanos". Las opciones no son significativas y los políticos parecen sordos. Tienen 25 días por delante para ofrecer a los votantes algo más que vaguedades y demostrar que estas elecciones sí van a ser diferentes a las anteriores.

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