20 de octubre de 2019
20.10.2019
La Opinión de A Coruña
editorial

Por un control constante de la doble fila

19.10.2019 | 22:15
Por un control constante de la doble fila

El Ayuntamiento de A Coruña ha emprendido este mes una campaña contra el estacionamiento irregular y la doble fila, unas infracciones históricamente comunes en la ciudad. Supone la primera acción del nuevo Gobierno local, presidido por la socialista Inés Rey, para intentar poner remedio o, cuanto menos, paliar uno de los males endémicos que A Coruña comparte con muchas otras ciudades, el tráfico, agravado en este caso por la condición peninsular del municipio.

Ochenta policías locales en dos turnos y casi cien cámaras de control del tráfico „incluidas las 37 de la vía prioritaria vigilada instaladas en 2015 pero inactivas hasta ahora„ componen el dispositivo especial con el que el Ayuntamiento, en palabras de Inés Rey, quiere combatir de forma "permanente" las "prácticas incívicas que dificultan la circulación y la seguridad". El objeto de la campaña no es imponer multas a los infractores, según la alcaldesa, sino concienciarles de que su doble fila o su estacionamiento irregular, aunque solo sean esos recurrentes "cinco minutitos", suponen un perjuicio para el resto de conductores y para el transporte público, una suma de cientos de minutos perdidos por el capricho de unos pocos.

La pasada semana, la primera con la campaña municipal operativa, concluyó con la imposición de 300 multas por los agentes del 092, un balance que todavía no incluye las infracciones sancionadas a través de las cámaras de videovigilancia de tráfico. Esta cifra de multas duplica a las impuestas por la Policía Local la semana anterior por el mismo motivo, aunque quedan por debajo de los datos de 2018. La campaña actual ha arrancado con una media de 42 sanciones diarias, frente a las 55 del último ejercicio, según arroja la memoria de la Policía Local.

Los taxistas y los conductores del autobús urbano, que conocen como nadie cómo fluye y no fluye la circulación en A Coruña, aprecian ya efectos positivos de la campaña municipal. El presidente del comité de empresa de la Compañía de Tranvías, Alberto Couselo, por ejemplo, ha señalado que "se nota la presencia policial", aunque es consciente de que las mejoras se verán poco a poco". En algo coinciden estos colectivos: la campaña municipal no debe ser flor de un día, sino que debe perdurar en el tiempo, persuadir a través de la concienciación y, en último caso, de la amenaza de multa.

Ahí debe radicar la diferencia de esta campaña municipal con otras similares emprendidas por Gobiernos locales anteriores, en que se prolongue, sea constante e indefinida, y suponga una prioridad en la actividad cotidiana de la Policía Local. Y que no se limite al control del 092, sino que se complemente con otras medidas, como la tan esperada revisión de las líneas de autobús urbano, con el objetivo de dar más alternativas al uso del coche privado. La doble fila refleja el incivismo de muchos, pero también evidencia la dificultad de encontrar estacionamiento en una ciudad con una media de un automóvil por cada dos vecinos empadronados.

La lucha contra la doble fila ha sido una de las primeras decisiones de calado de Inés Rey como alcaldesa, un empeño personal, destacan desde su entorno, tras recibir numerosas quejas de vecinos. Bien es cierto que es el momento más fácil para hacerlo, al arrancar el mandato y sin meta electoral inmediata a la vista, pero ello no debe restar valor a una medida que, para ser efectiva por completo, debe continuar y ser permanente. Y, por supuesto, no debe estar condicionada por procesos electorales, momento en que los políticos, no olvidemos, se hacen más sensibles a las críticas de los ciudadanos y son capaces de dar marcha atrás a aquellos proyectos en los que creen firmemente por un simple temor a perder votos.

Pero, además de campañas de concienciación o sancionadoras, una parte de la solución sigue estando en manos de los conductores, de que sean capaces de comprender que sus "cinco minutitos" o ese "momentito" que dejan sus coches en doble fila, sobre una acera o en plena parada de autobús suponen un perjuicio para otros: para los viajeros a los que impiden apearse del bus, para quien va en silla de ruedas y no puede continuar su camino, o para decenas de conductores que se ven atrapados en un colapso de tráfico evitable. La lucha contra la doble fila y los estacionamientos irregulares debe ser un objetivo común de todos porque lo que está en juego, en último término, es construir una ciudad más habitable.

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