30 de octubre de 2019
30.10.2019
La Opinión de A Coruña
Inventario de perplejidades

En la muerte del califa

29.10.2019 | 23:43

A los niños que leímos los cuadernillos de El Guerrero del antifaz, que dibujaba Manuel Gago García y se ponían a la venta por el módico precio de 1 peseta, ninguna de las fantasías orientales que nos puedan contar nos sorprende demasiado. Aquella misma, por ejemplo, sucedía en tiempo de los Reyes Católicos cuando la titánica lucha por la Reconquista contra el moro estaba a punto de concluir con la toma de Granada por las tropas cristianas. Entones ocurrió que, en uno de los numerosos choques armados que se daban en la frontera, la condesa de Roca, que estaba embarazada de dos meses, fue capturada por el reyezuelo nazarí Ali Kahn que acabó convirtiéndola en su esposa. El niño que tuvo la hermosa aristócrata fue educado lógicamente en la religión mahometana y con el paso del tiempo se convirtió en un apuesto guerrero de la tropa islámica. Hasta que, un buen día, su madre le contó la verdad sobre su nacimiento. A partir de ese momento, cambia de bando, se convierte en tenaz enemigo de su supuesto padre y acaba casándose con Ana María, una hermosa aristócrata cristiana. El cuadernillo salía al quiosco todos los fines de semana y se vendía por cientos de miles pese a la escasez de medios de la época. Los niños admirábamos mucho al Guerrero del antifaz, por su apostura física, por su hábil manejo de la espada, y también (por qué no decirlo) por su habilidad para escoger el bando que había de resultar vencedor en la guerra. Digo lo que antecede porque ahora el todavía presidente de los Estados Unidos de América del Norte, Donald Trump, ha sacado a los quioscos de todo el mundo (quiero decir a los medios) una versión rocambolesca sobre la muerte, o supuesta muerte, de un hombre llamado Abubaker al Bagdadi que el 29 de junio de 2014 se había autoproclamado califa de un amplio territorio que incluía zonas de Irak y de Siria. Dicho califato al que acudieron a apoyar miles de conversos al Islam procedentes de países de todo el mundo, y mayoritariamente de Europa, instauró un régimen de terror contra todos los que se oponían a él. Los objetivos reales del califato nunca estuvieron claros, ni tampoco sus fuentes de financiación, aunque se dijo que en buena parte procedían de la venta de petróleo de los territorios ocupados. Luz Gómez, profesora de Estudios Árabes de la Universidad Autónoma de Madrid, dice en un artículo que "Al Bagdadi y su califato fueron la excusa perfecta para que la contrarrevolución (contra la Primavera Árabe) avanzara en Siria y se justificara en Egipto, en Libia o en el Yemen, con la connivencia de la miope mirada centrada en la seguridad de Occidente". Ahora, una vez encontrado un punto de acuerdo entre Estados Unidos, Rusia, Turquía, Siria e Irak que deja una vez más en el aire, y sin estado, a los kurdos, el califa sobraba. Y Trump ha aprovechado la ocasión para atribuirse la muerte de un Al Bagdadi acosado por tropas especiales que le hicieron las pertinentes pruebas de ADN para confirmar su identidad. "Murió como un perro y un cobarde. Gimoteando", presumió Trump ante los medios.

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