07 de noviembre de 2019
07.11.2019
La Opinión de A Coruña

Ciencia y literatura

06.11.2019 | 22:57

La revista Science, una de las de mayor impacto en la ciencia miscelánea „no restringida a una sola especialidad„ ha publicado hace poco la reseña de un libro de Richard King, un escritor de gran consideración en los Estados Unidos entre los que se especializan en asuntos de cariz científico, dedicado a diseccionar el contenido de historia natural que tiene la novela de Herman Melville Moby-Dick, conocida y referida en nuestro país sin el guion intermedio. Moby Dick pasa por ser una de las cumbres de la novela en lengua inglesa y hasta de la literatura universal; quienes gustan de leer no olvidarán nunca la genial frase con la que comienza el libro: " Call me Ishmael". Luego vienen cerca de 700 páginas „en su versión en castellano„ que son descritas por los críticos literarios como un compendio de narrativa épica y descripción alegórica que deja pocas parcelas por cubrir.

Pero en lo que se detiene King, y analiza Science, es en el contenido digamos naturalista „biológico, si se quiere„ de la novela. Y es ahí donde surgen dudas acerca de la veracidad de lo que contienen sus páginas. Aunque King reconoce que Melville se documentó acerca de lo que sabía la ciencia en su momento „el libro se publicó en 1851, es decir, ocho años antes que el Origen de las especies de Darwin„, apunta que el gran escritor menciona en su novela especies de ballenas inexistentes entonces y ahora, como la ballena elefante, la ballena basura y la ballena cobriza. Science echa un salvavidas a Melville precisando que a mitades del siglo XIX ni siquiera se sabía aún si la ballena era un mamífero o un pez pero lo relevante es el sentido que puede tener acusar a un autor de inventarse un animal en concreto.

Los lectores de la saga de George Martin Canción de hielo y fuego, que deben ser una ínfima parte de los que se han quedado fascinados con su adaptación televisiva que toma el nombre del primero de los libros, Juego de tronos, no creo que piensen que existen los dragones ni siquiera en ese mundo imaginario que Martin tiene el talento de no decirnos ni dónde estaba emplazado ni cuándo sucedieron sus historias. Las pasiones contenidas en esa sucesión maravillosa de luchas por el poder están tan bien retratadas como en los dramas de Shakespeare, o casi, así que las tenemos por propias y familiares. Pero se nos da una higa que los dragones y, ya que estamos, las resurrecciones, sean „salvo en la Biblia„ puro recurso literario. Los escritores están obligados a narrar bien, no de forma fiel respecto de la naturaleza. Aunque, ya que estamos, Science califica Moby Dick de informativo, poético y en ocasiones divertido pero también sobrecargado, somnoliento e irritante, calculando que por cada lector que lo termina habrá centenares o miles que lo dejan de lado. Tiemblo al pensar lo que diría el autor de la reseña de Science del Ulises de James Joyce.

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