30 de noviembre de 2019
30.11.2019
La Opinión de A Coruña
Cartas a laila

Silencio, 'ma non troppo'

29.11.2019 | 20:01
Silencio, 'ma non troppo'

Estos días, querida Laila, Pedro y Pablo guardan silencio como el Ebro al pasar por el Pilar. Mucho más silencio y discreción que tras las elecciones de abril. Momento en que fueron especiales contribuyentes a la barahúnda, la confusión y el jolgorio con que se trataban de preparar, al menos por parte de Pedro, las elecciones de noviembre. Ahora la batahola, la descalificación general y las profecías apocalípticas se lanzan especialmente desde las derechas que no pueden, matemáticamente, formar gobierno. Y ello es así porque el cerril electorado se empeñó en dejar las cosas como esencialmente estaban en abril, con la excepción no determinante, al menos de momento, de dar algo más de cuartelillo a la extrema derecha. La ceremonia de la confusión y el barullo, que no deja oír ni pensar, la protagonizan ahora las derechas que utilizan todas sus fuerzas vivas y algunas muertas. Me refiero a las derechas propiamente dichas, que sacan de sus sarcófagos a personajes como Aznar o Sarkozy o a las sobrevenidas, que vuelven a colocar en medio del salón sus jarrones chinos como González, Guerra o Leguina. Por cierto, querida, que lo de "jarrones chinos" es una ocurrencia de Felipe González para referirse a los expresidentes del Gobierno como "jarrones de gran valor pero que estorban y no sabe uno dónde colocarlos en apartamentos pequeños". Ocurrencia que da cuenta de lo pagados que están de sí mismos estos personajes.

Vienen días, pues, de gran algarabía, de denuestos e improperios brutales y de apocalípticos presagios si se concreta lo que se está descalificando, con apelativos pretendidamente satánicos, como una coalición radical de izquierdas, antisistema, comunista o incluso chavista, que traerá el caos y la descomposición de la convivencia. Este ruido tumultuario genera confusión y se ve facilitado por el silencio cerrado de Pedro y Pablo sobre sus negociaciones, de las que permiten alguna filtración, pero solo sobre el reparto de carteras y nada sobre concreciones de programa, que serían las que ayudarían a despejar la niebla de la confusión, intencionadamente creada desde las derechas y sus epígonos.

La realidad que oculta la niebla es, querida, muy otra. Pedro y Pablo ni quieren ni pueden hacer otra cosa que un Gobierno con objetivos políticos suavemente socialdemócratas. Sería estrictamente un Gobierno de centro-izquierda que va a defraudar lo suyo a los suyos y que solo serviría para frenar en cierta medida la agresión salvaje que las clases medias y populares están sufriendo y van a sufrir con la crisis que se avecina. En realidad Pedro y Pablo suavizarían los efectos de la ley de la selva pero contribuyendo de facto a la supervivencia del modelo capitalista vigente. Estamos, pues, ante una opción de gobierno plenamente moderada, desde el punto de vista de los poderes económicos fácticos, que también berrean estos días pero que, ya verás, si se produce el acuerdo, hasta harán subir la Bolsa.

Está bien que Pedro y Pablo sean discretos en sus negociaciones pero, como decía mi padre, " nin tanto ¡arre! que fuxa, nin tanto ¡xo! que se deite". Quiero decir que la necesaria discreción es y debe ser compatible con la información, si se quiere gradual, pero rigurosa sobre contenidos políticos en los que se va alcanzando acuerdo. Esto ayudaría, por una parte, a despejar esa tupida niebla lechosa que generan las derechas y que deforma y difumina los perfiles de la realidad y, por otra, permitiría desarrollar una pedagogía política que evitaría la confusión y la manipulación tan grosera, con que se pretende dirigir a la ciudadanía como si de un rebaño se tratara.

Silencio y discreción sí, ma non troppo, amiga mía.

Un beso.

Andrés

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