02 de diciembre de 2019
02.12.2019
Catedrático de Derecho Constitucional de la UDC

Negociaciones inquietantes

01.12.2019 | 22:21

Hace unos días la portavoz Celáa aseguraba que Sánchez no irá a la investidura sin amarrar los apoyos para ganarla. Con más razón le imitarían Casado, Iglesias, Abascal y los demás y volveríamos así a aquella situación absurda en la que en ausencia de candidato el plazo constitucional de los dos meses a contar desde la primera votación no comenzaría a correr y podrían darnos las uvas... De 2020 o hasta que el rey convenciera a alguien para, simplemente, cumplir con el requisito y poder disolver pasados los dos meses. Lo cierto es que Sánchez, cuya responsabilidad en el escenario que soportamos desde la moción de censura es suya enteramente, tiene la obligación política de acudir a la investidura tenga o no tenga los apoyos y en este segundo supuesto lo que ha de hacer es buscarlos. Lo que aseguraba Celáa, si sucede, debería preceder a su inmediata renuncia a su liderazgo en el PSOE.

Para contento de dirigentes, militantes y votantes socialistas, Sánchez ya negocia la investidura con ERC tras asegurarse el apoyo de Podemos a cambio de una notable parcela de poder al más alto nivel. Luego será el turno del PNV, Bildu, BNG, canarios, cántabros y turolenses. Sánchez hará lo que sea, prometerá lo que haga falta a cambio de la investidura. Gobernar será otro cantar que dependerá de que cumpla o no lo prometido a cada quien, que es, de momento, un misterio porque, aunque conocemos algunas peticiones, la caja de la SS, el derecho a decidir, el referéndum, mejor financiación, un nuevo estatuto, etc. no sabemos lo que ofrece Sánchez y, sobre todo, lo que concederá una vez investido. Todo eso no inquieta a la familia socialista cuyos jarrones chinos y veteranos pueden, porque el PSOE no los oye, hacer declaraciones o escribir documentos muy sentidos. Pero nos inquieta a millones de españoles.

Opiniones próximas al PSOE sostienen que no hay motivos para esa inquietud porque lo cierto es que, a dos años de la DUI, Cataluña sigue siendo una autonomía más, los directores del procés están condenados por sedición, malversación y desobediencia, no recibieron un solo apoyo internacional y el independentismo está a la baja, poco, pero a la baja. Tranquilidad, nos dicen, porque España no se ha roto, de modo que lo inteligente es no entrar al trapo de las provocaciones independentistas, de sus discursos, de sus desplantes y de sus pretensiones irrealizables.

Y, además, calma porque Sánchez nunca prometería nada fuera de la Constitución. Quienes así razonan sonríen satisfechos con esa foto fija de nuestro país y con su plena confianza en Sánchez. Pero lo cierto es que, por dentro y por debajo de la foto fija, la realidad se ha movido mucho desde hace 20 años por efecto de un discurso, de un relato, de un mensaje corrosivo que, a lo largo de años, ha calado en la mitad de los catalanes llevándolos al independentismo y por efecto de unas políticas potentes y constantes encaminadas a borrar el rastro del Estado y de lo español en Cataluña que, además, cuenta con ayudas externas como la de la reciente sentencia del TC sobre el código civil catalán.

Así es ya en el País Vasco y pronto, si seguimos así, en Navarra y Baleares. Si la foto fija tranquiliza a un sueco o a un indonesio o a un socialista, lo que la foto esconde no tranquiliza en absoluto a media España. Y en cuanto a la confianza en Sánchez nada de nada, como confiar en Zapatero.

Sánchez será investido con los apoyos de la moción de censura, pero no gobernará mucho tiempo. Y si no es investido iremos a elecciones por su gracia.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook