01 de febrero de 2020
01.02.2020
Lo que hay que oír

Hablan como niños

31.01.2020 | 22:07

El niño pequeño llega de la escuela. Sus papás le preguntan cómo le ha ido. Dado que la criatura aún no tiene claros los conceptos temporales, causales, condicionales, etc., lo que hace es abusar de la conjunción "y" para contarlo: "Aprendí mapas y la profesora me felicitó y salimos al recreo y me dijeron que jugara y jugamos y volvimos a hacer música y bien". Lo malo llega cuando los niños cumplen 40 años y siguen hablando del mismo modo.

Tenía razón don Emilio Alarcos: "Desengáñate, Paco: para pedir tabaco y un cubalibre no hacen falta subordinadas ni conjunciones. Así que, como la mayoría de la gente no necesita la lengua para otra cosa, pues les basta y sobra con coordinar y yuxtaponer. Menudo oficio has elegido: no se puede enseñar gramática a quien no tiene nada en la cabeza". Eran los 70 del XX, claro. Sustituyan "tabaco" por "vapeo" y estamos en el 20 del XXI. El modo de hablar nos ordena el pensamiento y ordenamos el pensamiento por el modo de hablar. Los psicólogos, por ejemplo, pierden mucho tiempo de consulta cuando el paciente (que también pierde: mucha pasta por no saber hablar) les dice que anda chungo. "Chungo" puede ser triste, entristecido, bajo, cansado, deprimido, desilusionado, desolado, pesimista, agobiado, amargado, angustiado... Únanle a la falta de precisión léxica -o sea, a no decir la palabra que se quiere decir- el merecumbé que se forman el hablante y el oyente coordinando como los niños o yuxtaponiendo como los guasaps: "Aprendí mapas, la profesora me felicitó, salimos al recreo, me dijeron que jugara, jugamos, volvimos a hacer música, bien". Vamos progresando inadecuadamente hacia un lenguaje reaccionario; vamos volviendo a la infancia, aquella etapa en que aún no sabíamos que se podía añadir o completar o desarrollar una información, dar la razón de algo o la condición para que se cumpla ese algo, explicar que una acción es resultado de otras acciones, contraponer ideas o secuenciarlas según su jerarquía, situar lo que se dice en tiempo y espacio, resumir... El infantilismo es la moda, amiguitos. También en el lenguaje.

En cada vez más medios de comunicación y no digamos ya en el papanatismo de tantos políticos que sufrimos a diario por tierra, mar y aire, se han muerto los conectores. ¿Qué son los conectores? Palabras o grupos de palabras que relacionan las ideas entre sí. Los conectores nos hacen ser coherentes al hablar o escribir: darnos a entender, vaya. Cuando usted tiene que presentar adonde sea un documento de unos cuantos folios y no quiere que se le entremezclen las páginas, los grapa antes en casa. Pues esas grapas son los conectores. Cuando usted tiene en el escritorio del ordenador o del móvil unos cuantos archivos sobre el asunto que sea, pero relacionados entre sí, crea una carpeta para juntarlos en ella. Pues esa carpeta es un conector. La lista de los conectores en nuestra lengua es enorme, perdonen la brasa: a continuación, a saber, acto seguido, además, al contrario, asimismo, aunque, con el fin de, con tal de que, de ahí, de esa manera, del mismo modo, después, en cambio, en conclusión, en consecuencia, en cuanto a, en efecto, en otro orden de cosas, en resumen, es decir, es más, gracias a, igualmente, incluso, más aún, mientras que, no obstante, para colmo, pero, por añadidura, por consiguiente, por otra parte, por otro lado, porque, sin embargo, sobre todo, también, visto que... Gracias a ellos, armamos nuestro pensamiento.

Siempre, claro está, que no los usemos como ese entrenador de fútbol que acabo de oír: "Creo que hasta que tenga esta motivación va a seguir marcando", ha dictaminado sobre un jugador suyo. ¿No será "mientras" tenga esa motivación? Porque lo que ha dicho en realidad es que hará goles el futbolista "hasta que" tenga quién sabe qué motivación. Cuando le falte, menudo palo. Conecten, por favor y bien. No duele. Y cuánto se agradece.

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