13 de febrero de 2020
13.02.2020
el traslúz

En la cabeza

12.02.2020 | 23:43

Hace cosa de un mes vi flotar un sombrero de fieltro por la calle, entre los viandantes. Oscilaba como si fuera sobre una cabeza, pero no había cuerpo ni cabeza. Me di cuenta enseguida de que no llamaba la atención de nadie, excepto la mía, por lo que deduje que se trataba de una alucinación. El sombrero, idéntico al que usaba mi padre cuando yo era pequeño, descendió las escaleras de la boca del metro de Ventas y no me quedó otro remedio que seguirlo para ver si mi progenitor, ya fallecido, se corporeizaba debajo de él en algún momento. Lejos de eso, se esfumó en el aire tres o cuatro estaciones más tarde, en Alonso Martínez, me parece, dejándome huérfano una vez más.

Mi psicoanalista, a quien le comenté el suceso esa misma tarde, me pidió que no fabulara.

-Una alucinación es una cosa muy seria -dijo-. Si usted sufriera alucinaciones, su diagnóstico sería muy preocupante.

No lo expresó de este modo, pero me pareció entender que, según ella, yo era un simple neurótico que aspiraba a un grado de locura para el que no estaba capacitado.

-Hablemos de cosas reales -añadió.

En esto, volví a ver el sombrero de mi padre en un rincón de la consulta, a la altura de la cabeza de un hombre invisible. Parpadeé para ver si la alucinación desaparecía, pero cada vez que abría los ojos el sombrero continuaba allí. No me atreví a decírselo a la terapeuta.

-¿Le ocurre algo? -dijo ella.

-No, no, he sentido un leve mareo- dije yo.

Pero ya no logré concentrarme en la sesión, que resultó un desastre. Al abandonar la consulta, el sombrero me siguió. Cada vez que volvía la vista, se hallaba a cinco o seis metros detrás de mí. Al llegar a casa, cerré corriendo la puerta para que no le diera tiempo a entrar, pero la atravesó como un cuerpo sutil y me siguió hasta el dormitorio.

-Papá -le dije-, ya sé que tuvimos muchas dificultades para entendernos, pero yo he acabado aceptando cómo eras. Acepta tú cómo soy yo.

Dicho esto, el sombrero se volatilizó y no volvió a aparecer. Poco después me compré uno idéntico que he estrenado este invierno. Voy a todas partes con él. Llevo a mi padre en la cabeza.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook