10 de marzo de 2020
10.03.2020
Crónicas Galantes

No solo de coronavirus muere el hombre

09.03.2020 | 20:43

Últimamente está muriendo gente que nunca había muerto; pero ni siquiera a la hora de palmar existe igualdad entre los hombres y las tierras de España. La gente tiende a morirse antes en el sur que en el norte, según un pormenorizado recuento del Atlas de Mortalidad que se ha hecho público estos días. Y eso que los investigadores de este fúnebre asunto todavía no han incluido en el cómputo las muertes que pueda dejar el temible coronavirus que ha sustituido al tiempo como tema de conversación.

Las causas por las que más mueren, relativamente, los españoles son muy diversas y varían no ya entre reinos autónomos, sino de municipio a municipio.

Algunas tienen explicación aparentemente lógica, como la alta letalidad por enfermedades respiratorias que registran los pueblos de las cuencas mineras, por ejemplo. O el dato de que nueve de diez municipios con mayor riesgo de tumores de pulmón y bronquios estén en Cáceres y Badajoz, si se tiene en cuenta que Extremadura es la comunidad con mayor porcentaje relativo de fumadores de España.

Otras conceden al dinero los mismos poderes mágicos que Quevedo le atribuía, hace ya unos cuantos siglos, en su oda al Poderoso Caballero. Los felices habitantes de Pozuelo de Alarcón, un suponer, disfrutan de una esperanza de vida de 86 años, detalle que probablemente se vincule al dato de que esta localidad madrileña es la de mayor renta por habitante de toda España. Son seis años más que los que viven de promedio los habitantes de municipios situados a la cola del país por su volumen de ingresos.

Descubrir que los ricos viven mejor y, por lo tanto, más que los pobres es una circunstancia que ya intuía mucha gente no especializada antes de que lo constatasen los expertos; pero siempre está bien saberlo.

Abundan, por otra parte, en el mentado Atlas, los motivos más o menos curiosos de muerte. En Vigo, por ejemplo, existe un alto riesgo (relativo) de ahogamiento accidental por sumersión bajo el agua, causa fácil de explicar si se tiene en cuenta que es ciudad portuaria y playera; y además llueve mucho. Curiosamente, en la también acuática Coruña son el cáncer de hígado y la hepatitis vírica los peligros de muerte que están por encima de la media nacional.

Barcelona comparte con Vigo las altas posibilidades de ahogamiento por inmersión, si bien el riesgo más subrayado por los expertos es el de envenenamiento accidental por fármacos o drogas. Un peligro reputado de bajo en Madrid, donde el paro cardiaco es, junto a la enigmática "muerte sin asistencia" el mayor riesgo que afrontan los vecinos de la capital. Dicho sea siempre en términos relativos, como es lógico.

Más allá de estas curiosas variaciones entre municipios, la receta para vivir muchos años es bien conocida, siquiera sea por lo mucho que insiste en ella la autoridad sanitaria competente. Consiste en dejar la fumeta, no beber alcohol, comer pocos dulces, hacer ejercicio, no tumbarse al sol en la playa y abstenerse de practicar conductas sexuales de riesgo. Todo ello garantiza una larga existencia, aunque lo seguro es que la vida se les hará muy larga, de puro aburrimiento, a quienes sigan tales consejos.

En realidad, la principal causa y requisito de la muerte es estar vivo, del mismo modo que el matrimonio es condición previa al divorcio. El Atlas de Mortalidad, en fin, ha venido a descubrirnos que no solo de coronavirus muere el hombre. Contra lo que pudiera parecer si uno ve demasiado la tele.

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