23 de abril de 2020
23.04.2020
La Opinión de A Coruña
Sol y sombra

Las horas tristes de la democracia

23.04.2020 | 00:28
Las horas tristes de la democracia

Las encuestas que no cocina Tezanos con el ánimo de señalar a los periódicos estableciendo una nueva censura revelan que los españoles desaprueban la gestión del Gobierno en la emergencia del coronavirus. Pero, al mismo tiempo, Sánchez, el menos valorado de los líderes mundiales, emerge por encima de Casado, y el PSOE, curiosamente, se mantiene como el partido con mayor estimación de voto. Esto solo se puede explicar de dos formas: primera, el maltrecho estado de la opinión pública guiada por el sectarismo; segunda, que no existe la alternativa fiable en la oposición dividida y devaluada.

El Partido Popular se encuentra lastrado por su propia estrategia que tiene en Vox una amenaza radical a la derecha de la que se benefician obviamente el partido socialista, la izquierda y los independentistas, que cuando les viene bien sacan a relucir el espantajo ultra para atemorizar a los votantes más moderados. Naturalmente, el partido de Abascal responde plenamente a esas terroríficas expectativas desplegando la mayoría de las veces una conducta despreciable que solo tiene como objetivo su crecimiento a costa de todo lo demás, incluidas la verdad y la decencia.

Ciudadanos, en un callejón oscuro desde el fiasco de Rivera, no encuentra el camino para asomar la cabeza ni siquiera con su aparente predisposición a otorgarle un cheque blanco al Gobierno europeo que con mayores dificultades y peores resultados se está enfrentando a la crisis. Unidas Podemos ha demostrado en este ciclo trágico la peor de sus facetas, promoviendo la división dentro del propio Gobierno y aprovechándose de las circunstancias para distinguirse con un discurso adolescentemente radical y dañino para la democracia en unos momentos especialmente delicados. Los independentistas y proetarras, socios de la izquierda nacional, están a lo suyo: desgastar al Estado.

Así todo, los ciudadanos, amedrentados y narcotizados por el Telegobierno del fin de semana, aguardan de sus irresponsables líderes sociales un acuerdo que permita vislumbrar cierta esperanza política en las horas más tristes de la democracia.

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