01 de mayo de 2020
01.05.2020
La Opinión de A Coruña
Palabra por palabra

La ventana distópica IV

01.05.2020 | 00:33
La ventana distópica IV

Me he sentado frente al ordenador dispuesto a desahogarme y he reescrito este primer párrafo una y otra vez hasta conseguirlo. Ahora, más tranquilo, al lado de mi cervecita ya mediada, vuelvo la vista a la ventana y me dejo empapar por la realidad que habita afuera. Las voces de niños y padres, recién liberados del confinamiento, al menos por una hora, devuelven al incesante rumor del mar un aire alegre, casi de promesa veraniega. Lo cierto es que, durante estas últimas semanas de calles inhabitadas, su sonido había adquirido un tono de amenaza invernal, de vasta naturaleza deshumanizada. Resulta gozoso ver de nuevo niños en bicicleta o en patinete, ávidos de aire libre, gente llenando el vacío espectral de las aceras. Contrasta este espectáculo de civismo cordial y saludable con la bárbara exhibición de necedad que invade las redes sociales o la repugnante puesta en escena de ciertos políticos españoles, la derecha extemporánea que nos ha tocado en suerte. Desde que tengo memoria, han estado ahí, generación tras generación, beligerantes, intransigentes, ufanos, autoritarios y permanentemente en contra de cualquier avance en políticas sociales y derechos civiles: divorcio, aborto, matrimonio homosexual, ley de igualdad, memoria histórica, etc. Por si esto fuera poco, cada vez que han gobernado, han hecho todo lo posible por recortar y limitar los derechos ya conquistados con esperpénticas leyes de seguridad, reformas laborales y leyes educativas que nos han hecho retroceder de nuevo, además de dejar un reguero de escándalos de corrupción y de servicios públicos privatizados en aras de una productividad inexistente.

Por suerte, España no es Twitter, y la ciudadanía ha demostrado muchas veces estar muy por encima de sus representantes políticos. Pero provoca tristeza, frustración y mucha vergüenza ajena ver el uso rastrero e interesado que la oposición está haciendo del desastre sanitario, económico y social que estamos viviendo. Después de ver las fotos de la presidenta de la Comunidad de Madrid junto a un avión con material sanitario o llorando en una misa celebrada en la catedral de La Almudena, mientras el resto de presidentes autonómicos mantenía una reunión sobre la gestión de esta crisis, la palabra populismo parece quedarse corta para definir su estrategia política. Por otro lado, supongo que todos los que asistieron a esa misa solemne vivirán por los alrededores de La Almudena y aprovecharon que salían a por el pan para dejarse caer por ahí, ¿o acaso estaban paseando al perro? Adolescentes no habría, porque los pobres, católicos o no, continúan en su particular encierro, eso sí, sin dejar de hacer deberes y volviéndose locos con las aulas virtuales, los correos electrónicos y la incertidumbre de este final de curso.

Nos dicen que pronto volveremos a una "nueva normalidad". Ojalá fuese cierto, pero mucho me temo que en España hay cosas que no cambiarán nunca. Lo nuestro es más bien la vieja anormalidad, y así seguiremos. Menos mal que nos queda Portugal, muy sabios los de Siniestro Total.

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