23 de mayo de 2020
23.05.2020
La Opinión de A Coruña
Shikamoo, construir en positivo

Baja circulación del SARS-CoV-2: ¿Buena o mala noticia?

23.05.2020 | 00:47
Baja circulación del SARS-CoV-2: ¿Buena o mala noticia?

Buenos días tengan ustedes, queridos lectores y lectoras. ¿Qué tal les va? ¿Mejor? ¿Peor? Nos asomamos a nuevos escenarios dentro de este tiempo diferente que nos está tocando vivir, y que estoy seguro marcará un antes y un después dentro de nuestro imaginario colectivo. Y tengo la esperanza de que, en algunos ámbitos, para bien. Como, por ejemplo, en la adopción de un mayor respeto y consideración por la ciencia, desde todos los puntos de vista y con todas las consecuencias.

Pero déjenme que matice y centre bien qué quiero decir. Porque, en muchas ocasiones, siempre que se habla de ciencia en torno a temas sanitarios, hay quien se apresura a entender que uno se refiere al ámbito clínico. Nada más lejos de la realidad. Siendo el mismo fundamental en el abordaje de esta y cualquier otra patología, la ciencia en su conjunto va mucho más allá. Tanto que, por ejemplo, en el tratamiento epidemiológico hay muchísimos aspectos mucho más ligados a la Matemática y la Física que a la clínica, amén de las importantes contribuciones tomadas de la Química, la Biología y todo ese inmenso e importante terreno común entre ambas, dentro de la aproximación Bioquímica del saber. Desde la investigación aplicada en Física, por ejemplo, se modelizan hoy muy diferentes procesos ligados a ámbitos tan dispares como la economía, las ciencias sociales, la lingüística, las ciencias del comportamiento, el ámbito más puramente científico-tecnológico o, también, relacionados con las ciencias biomédicas. El conocer las condiciones de contorno de cada uno de esos problemas, y poder resolver las complejas ecuaciones que los rigen, a menudo de tipo no lineal y desde luego sin solución analítica, es una tarea difícil pero que aporta mucha luz al conocimiento colectivo.

En todo caso, quizá conviene recordar la naturaleza compleja de la realidad, y no quedarse nunca en una visión parcial de un problema. La Teoría de la Complejidad, con autores como Sousa Santos, nos advierte de que la parcelación del saber es cosa de nosotros, los humanos, y la propia diferenciación entre Matemática, Física, Fisiología o Bioquímica no deja de ser un tanto arbitraria, ligada a la superespecialización del conocimiento y a la existencia de un mucho mayor corpus de sabiduría hoy que nunca. Pero también a un empobrecimiento actual de la transversalidad, con un conocimiento demasiado parcelado y donde faltan visiones holísticas. Tal problema, por cierto, no lo tenían sabios como Gauss, Newton, Descartes o el propio Estagirita, contextualizado cada uno de ellos en su propia época. Ellos tanto entendían del paralaje de las estrellas o de las órbitas de los planetas, como de las paradojas y los principales problemas matemáticos del momento, o de la complejidad y el misterio -entonces- de la anatomía y la fisiología humanas.

El caso es que, reitero, espero que toda esta crisis sirva para poner a la ciencia en la agenda. Pero no a ese remedo basado en la espectacularidad o la sorpresa fácil con la que nos obsequian espacios televisivos de moda y de dudoso rigor, sino a la labor callada, meticulosa y muchas veces anónima de ejércitos de profesionales interdisciplinares, que en España nunca han contado con los favores generalizados del poder, y a los que la sociedad ha dado la espalda siempre, pero cuya labor está íntimamente relacionada con el éxito como país. No me refiero solamente, que también, a la capacidad de reacción ante una pandemia global. No. Lo hago también desde una óptica mucho más amplia, que incluye patentes, capacidad industrial y, en general, productiva, y mejora de las condiciones de vida de todos. Ojalá haya un antes y un después de la ciencia aquí, propiciado por un coronavirus al que, paradójicamente, la ciencia quiere aniquilar.

Y, dicho esto, que contextualiza el tema de hoy, vamos al mismo, desde tal visión compleja y racional. Porque sorprenden algunas declaraciones de los responsables sanitarios en Galicia o, quizá, de la interpretación hecha de las mismas. Y es que he leído que alguno de ellos se apena por la escasa transmisión comunitaria del patógeno a día de hoy, evidenciada por los test serológicos. Error. ¿Por qué? Pues porque hay un factor de correlación entre el nivel de transmisión comunitaria y el nivel de impacto en nuestra sociedad. Que hubiese habido mayor transmisión hubiese implicado un mayor nivel de sufrimiento, sobrecarga del sistema sanitario y, desde luego, enfermedad y muerte. Entiendo que alguien quiera explicar que hubiese deseado que el resultado de las pruebas de prevalencia serológica, a toro pasado y con el impacto ya fijado, fuese mucho mayor, y así poder aspirar a un mayor grado de control ante rebrotes. Pero esto, en el fondo, es algo así como pretender que tal factor de correlación fuese distinto entre grado de penetración en la sociedad y el nivel producido de enfermedad y muerte, pero eso es imposible de modular. Tal grado deseado hubiese implicado un antes bastante peor.

Es por eso que constituye todo un éxito que tal nivel de transmisión comunitaria haya sido bajo en Galicia. De acuerdo que ahora estamos más expuestos a un rebrote, pero sobre todo hemos ganado tiempo de cara a la consecución de un mejor abordaje terapéutico por parte de investigadores y clínicos, y también en relación con los esfuerzos por la obtención de una vacuna. Y eso es lo importante, y de lo que nos tenemos que felicitar por el alto nivel de confinamiento conseguido y por sus efectos. Lo otro, lo de pretender ahora que todos estuviésemos inmunizados con un impacto bajo en la sociedad, es ciencia-ficción a día de hoy, no ciencia. Y es que, pónganse en el límite, para estar inmunizados cuantos más mejor, hubiésemos dejado correr libremente el virus, tal y como han cacareado -cambiasen de criterio de forma sobrevenida o no- en otros países. El resultado hubiese sido aterrador en términos de destrucción de personas y absolutamente insostenible para cualquier sistema sanitario, por muy sobredimensionado que este estuviese.

O sea que no, que están bien las cosas como están. Sigan cuidándose y no se me infecten, en la medida de lo posible. El camino va por aquí.

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