No hay posible comparación con los ejemplos de la brutalidad policial que, de vez en cuando, nos llegan desde USA y que acaban provocando allí conflictos populares, ni tampoco tienen semejanza con los casos de mobbing escolar que han conducido a suicidios de menores de edad, pero el aguante público -y me refiero a las sanciones por tráfico automovilístico- tiene un límite y tentarlo puede desatar reacciones insospechadas. Existe en Santiago de Compostela el dichoso radar de Conxo que en solo 3 meses ha cazado a más de 17.000 infractores por no reducir de 80 km/h a 50 en un breve túnel. Los conductores compostelanos están que trinan, y las protestas, de momento, solo tienen manifestación periodística. También pueden atestiguar este acoso sancionador los automovilistas que, recientemente, en las proximidades de Sigrás han sido multados por coches de la policía al acecho. Si esto no obedece a un afán recaudador que venga Rita y lo vea, pues por dos veces me multan porque he pasado por el punto kilométrico 3'1 descendente de la AC-11, de entrada a La Coruña, a 88 km/h cuando hay una limitación de 80, y cualquiera podría añadir más casos de actuaciones policiales acosadoras que van tensando la confianza que los cuerpos de seguridad del Estado se merecen.