Seis de la mañana. El deporte es como el tabaco. Me gusta pero me sienta mal. Sin embargo, hoy siento una rara elasticidad, un desacostumbrado brío, unas idiotas ganas de saltar y sudar. Desentumecido me hallo. Será porque hace mucho que no fumo o por haber hecho ejercicio esta mañana temprano. Aún así, aún andaré hoy 11.000 pasos. Y no por ello tendré idea de dónde me dirijo. No consigo terminar el librito de Don de Lillo. Pongo los pies en alto y me enchufo Cuando llegue septiembre, del año 1961. Con Rock Hudson y Gina Lollobrigida. Paisajes italianos, diálogos deliciosos, guapos los protagonistas, reventones incluso. Humor blanco. Alegría del buen cine. Cine de siempre, que no añejo. Viendo a Hudson en su esplendor piensa uno, otra vez, en lo efímero que es todo. Todo. No acierto a expresarlo bien pero ya lo he experimentado.

Llega el mediodía. Como siempre que se anula una comida, fantaseo con cómo habría ido. Me imagino diciendo esto y lo otro y pidiendo el vino y rechazando el postre y argumentando o escuchando. Yo creo que el almuerzo se ha aplazado por culpa de uno de los que iba a asistir, que ha chafado la cita por estar a régimen; así anda, algo tristón y con las camisas de cuando estaba delgado. Me levanto un poco ahíto de esa no comida y hasta me siento tan lleno que no meriendo ni ceno. Ligeros ardores. No me tomo un poco de bicarbonato y luego no me tomo un analgésico. Telefoneo a otro de los no comensales del almuerzo no celebrado y me dice que le ha sentado mal el no chuletón que iba a pedirse y que se ha tenido que meter en la cama a no dormir y a no beber mucha agua del mal jamón que no nos han dado de entrante. Reviso la cartera, no vaya a ser que el no haber pagado me haya hecho crecer algún billete en la cartera.

A la noche ponemos el árbol. Es un árbol artificial, enano y comprado en un chino. La misma ilusión da. No contribuimos al holocausto arbóreo, pinos en la basura el día 7 de enero y en ese plan. Mi hijo se afana en colocar las bolas y los adornos. Le hago una foto. Ríe. Más arriba dije que todo es (demasiado) efímero. Hoy opino que el tiempo es circular: le hablo, le hago bromas, colaboro en el embellecimiento del abeto y me parece estar oyendo a mi padre dirigiéndose a mí.