La primera vez que atisbas ante las casillas del peaje en una autopista un cartelón con la indicación No pare, acompañada por la versión inglesa Do not stop es habitual —eso lo comentamos varios— ralentizar algo la marcha del coche para leerlo con claridad y pasar a continuación con una inspiración satisfactoria porque ya no hay que pagar el peaje en esa vía. Carteles así ya se ven con frecuencia circulando por aquellos lugares de España donde ya ha acabado la concesión administrativa que se había otorgado a la entidad explotadora de la autopista. Y decía que hay un respiro placentero, al menos eso experimenté yo, porque te evitas un pago que no suele ser cuantioso, es lo de menos, pero satisfacción sentí sobre todo porque ves que las concesiones hechas caducan una vez cumplido el periodo por el que se concedieron, y que lo reglamentado se cumple. Recuerdo los años de las primeras autopistas de pago cuando se fijaban períodos de 20, 25 y más años de concesión; luego venían las negociaciones para alargar el plazo conforme las autoridades pedían a las concesionarias ciertas mejoras, y parecía que los peajes se eternizaban. Ejemplos así tenemos en Galicia. Pero tranquilos, que, como dicen, a todo cerdo le llega su san Martín.