“Nada bueno esperaba el mundo”. Estas palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano nos sirven para conocer un poco mejor a Julio Cortázar. “Aquella noche me di cuenta de que yo era un cazador de palabras. Para eso había nacido. Esa iba a ser mi manera de estar con los demás después de muerto y así no se iban a morir del todo las personas y las cosas que yo había querido” (Galeano. La biografía. Ediciones B). Al morir nuestro autor, la escritora Cristina Peri Rossi (1941) no fue a su entierro y gracias a ese sentimiento y a esa inquietud ha salido la publicación Julio Cortázar y la crisis, un texto de 140 páginas donde Rossi introduce sus vivencias más íntimas con el escritor de Rayuela. “A veces se produce el encuentro entre dos grandes escritores y de esa conmoción surgen risas, relatos, poemas, cartas, viajes, diarios chispeantes y fascinación mutua en la última década de su vida”.

La Galicia de Julio Cortázar (I)

París y Barcelona han sido los escenarios y Julio Cortázar dedicó quince poemas de amor a Cris y muchos años más tarde tras su muerte, Cris, en este trabajo, escribe una crónica de esa amistad irrepetible y amorosa. Han sido otros los que se acercaron a la figura tanto personal como literaria de este gran autor. El catedrático de Literatura Española en la Facultad de Humanidades Miguel Herráez (Valencia, 1957) dedica en uno de sus trabajos a escribir un Julio Cortázar, al otro lado de las cosas, acercándonos aún más si cabe a este gran protagonista. También en Julio Cortázar. Una biografía revisada se recogen infinidad de datos de su vida en ciudades como París y Buenos Aires a partir de un profundo conocimiento de su obra y al pasar sus páginas nos acordamos de aquella excelente entrevista realizada en su momento por Joaquín Soler Serrano en su mítico programa A fondo.

Pero se preguntarán: ¿por qué ofrecemos un texto o un comentario sobre un autor nacido en Bruselas de orígen argentino llamado Julio Cortázar? La respuesta la ha dado Francisco X Fernández Naval cuando hizo de la necesidad una virtud y se puso a trabajar en una obra que nos ha llamado poderosamente la atención bajo el nombre de El sueño gallego de Julio Cortázar. En el año 2006, como ha escrito Fernández Naval, Aurora Bernárdez, esposa del escritor, cedía a Galicia su archivo fotográfico. Un patrimonio que actualmente está depositado en el Centro Galego de Artes da Imaxe (CGAI) encargado de su custodia y conservación. Al hablar del trabajo de Naval lo hacemos de un volumen con distintas notas aclaratorias y textos cedidos para este edición por autores como Eva Veiga, Miguel Mato Fondo y Olalla Cociña, entre otros. Uno de los textos que engloba a todos estos autores, sin duda, es el trabajo realizado por Xavi Ayén Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo. O las reuniones mantenidas en su momento por el escritor Graham Green y su amigo el sacerdote Leopoldo Durán. “La primera carta que me escribió Graham Greene está fechada el 30 de junio de 1964. Nuestra última conversación larga, telefónica, tuvo lugar el 12 de febrero de 1991, mes y medio antes de su muerte”. En El fin de la aventura, Graham Greene escribe: “Ustedes, los sacerdotes, ¿no saben hablar de otra cosa que de Dios?. Es que no hay otra cosa”.

Volvemos a Cortázar. En su momento se levantó una pequeña controversia cuando Miguel Dalmau tuvo ciertos problemas a la hora de publicar su biografía ya “autorizada” por su editorial en aquel momento para publicar una biografía sobre este gran escritor. Al hablar de Miguel Dalmau lo hacemos de una persona que en sus trabajos anteriores ha dejado una clara huella de cómo se deben hacer los mismos al introducirse, como es el caso, en un hombre, en un escritor y en su tiempo. Al final llegó la calma y su trabajo se pudo ver publicado en la editorial Edhasa. “En el verano peligroso de 1959 el poeta Carlos Barral viajó a Madrid. Una tarde encontró a Ernest Hemingway en el hotel. Hechas las presentaciones, el novelista americano le preguntó: ‘¿Qué tal la mala puta?”. Barral se quedó perplejo y apenas acertó a decir: “¿Qué mala puta?”. A lo que Hemingway respondió: “¡La literatura española!”. (La mala puta. Réquiem por la literatura española. Miguel Dalmau, Román Piña Valls).