“La voz de alarma la dio uno de esos adalides de la nueva comunicación pseudocientífica, de la contestación generalizada y de la teoría de la conspiración en todos los órdenes de la vida. Rápidamente la noticia se extendió por las redes sociales, sus principales medios de proselitismo y avance y, desde ahí, corrió por el mundo entero. No cabía duda. Una vez más, ellos habían desmontado el tinglado de los que querían manipular a toda la Humanidad. Pero, por suerte, habían estado ágiles y el engaño era evidente...”. ¿Quieren saber qué pasó? Pues... pasen y vean.

De los mismos que explicaban a quien les quisiera oír que con la vacuna para la infección por SARS-CoV-2 te insertaban un chip, cortesía de Bill Gates, que gobernaría tu cerebro, y de los que decían que, además, la red 5G era el instrumento con el que podrían controlar tal dispositivo, ahora llegaba la disección de un artefacto verdaderamente sospechoso de fraude: el test de antígenos. Y, una vez “operado”, el mismo desveló su infausto contenido: “Solamente era papel. Era evidente el engaño. Un mero papel donde se creía habría un cerebro electrónico, un laboratorio de Bioquímica o qué sé yo... Ellos habían vuelto a salvar al mundo entero. Porque el tal test de antígenos era... nada. Solamente humo. Un fraude... Solamente un inocente papelito”.

Déjenme que les salude en este, mi día de cumpleaños, antes de afirmar que el disparatado relato contenido en los dos primeros párrafos de esta columna está basado en lo que he podido leer, literalmente o entre líneas, en diferentes publicaciones en distintas redes sociales y otros canales públicos en la red. Una locura, sin pies ni cabeza. Pero también un estado de opinión que sigue seduciendo a muchas personas ávidas de realidades paralelas y escasa formación e información. Y, por supuesto, que sigue haciendo daño. No olviden ustedes que no han sido pocos los seres humanos que han sufrido importantes lesiones por beber o aplicarse lejía —que no deja de ser una disolución de hipoclorito sódico—, a partir de recetas dimanadas de foros parecidos para defenderse, supuestamente, de la COVID-19. Algo está pasando, señoras y señores... Y no tiene buena pinta.

Y es que el conocimiento pseudocientífico, o como le quieran llamar, está llegando a cotas verdaderamente preocupantes. Muchos aseveran con contundencia sobre aspectos de los que no tienen ni idea. Y el aval de tales actuaciones no se obtiene, para muchos, de la experiencia, formación o trayectoria de los promotores de tales ideas o de cualquier otra. No. A veces importa más lo guapo que seas, los musculitos o tatuajes que exhibas, lo que grites o prometas, o lo simpático de tus coreografías. Lo demás... no importa, incluso aunque buena parte de tales personajes no sepan lo que es un test de antígenos ni, por supuesto, cómo funciona.

Miren, antígeno —de forma sencilla— es todo aquello que es capaz de provocar respuesta inmune, aunque hoy en día existen definiciones más amplias. Así, estructuras moleculares extrañas procedente de un virus o una bacteria son antígenos, frente a los cuales generamos anticuerpos. Un test de antígenos —muy específico— está preparado para detectar un patógeno determinado, o parte de él. Y, para ello, se emplea la técnica de cromatografía de flujo lateral. Esta, que está basada en la capacidad de una determinada preparación para avanzar por capilaridad por una tira de papel cromatográfico, es un método común en la separación de mezclas. Y, con las modificaciones y diseño oportuno, puede discernir ante la presencia o no de una determinada proteína. El test de antígenos, así, claro que es un papel. Una tira de papel, que reaccionará y mostrará la presencia de aquella sustancia para cuya detección fue preparado. Es el mismo fundamento que el del test de embarazo. Pero un papel que, en ambos casos, encierra mucho más dentro. Encierra mucha ciencia.

Más concretamente, en el test de antígenos se fijan a la tira de papel una serie de anticuerpos, sensibles a un antígeno determinado. Al fluir la muestra por la tira, si el antígeno está presente en ella, se unirá al anticuerpo previamente cultivado. Y tal conjunto se evidenciará al final de su arrastre, utilizando para ello átomos de una sustancia, como el oro, que dotará de color al conjunto, apareciendo la línea de “positivo”. Se completa el dispositivo con otra línea, de “test”, que nos informa de que la muestra ha sido correctamente colocada en el punto de inicio de la técnica cromatográfica, y bien mezclada con los reactivos. Todo ello y una carcasa de plástico es el “aparato” en cuestión que, si abrimos, se convierte para ojos profanos en ese papelito que ha animado a muchos a la ira, la ironía o la zozobra.

En fin, amigos y amigas, hablaba el otro día de la importancia del fomento de la cultura científica. Lo reitero. Lo exijo. Y lo imploro. Es que si no, esto se va a poner muy, pero que muy feo. Vamos directos al abismo.

Nota para Colegios de Enfermería: Sí, los farmacéuticos reciben formación completa y detallada sobre técnicas cromatográficas y, particularmente, sobre tests de antígenos. No sé cómo pueden decir ustedes que los mismos no están preparados para interpretarlos, o que lo están menos que ustedes... Sorprende. Eso es lo que he leído por ahí y no estoy de acuerdo.