Ojalá siempre fuera primavera y todos los días los políticos tuvieran que batirse el cobre para seguir en sus puestos. Aquí, en la Meseta, llevamos tantos días de precampaña —ya oficialmente campaña— como de temperaturas bajo cero. Les cuento.

La encuesta del CIS, con Tezanos animando el cotarro que parecía asegurado mayoritariamente para Mañueco, ha elevado unos grados más el ambiente de los candidatos que están que lo vierten. Si hacemos caso a sus promesas varias, vivir en Castilla y León va a ser un chollo hasta para los autónomos. Solo falta que nos planten un Mercedes a la puerta a cada uno. Esperen, que ya lo han hecho: blindaje de servicios públicos y sanidad de calidad hasta para los eremitas de vocación (los de imposición son mayoría).

Si con razón nos llaman a las urnas la víspera del Día de los Enamorados. Qué mejor momento para demostrar la conciencia autonómica que tanto se cuestiona. Y eso que somos tendencia, algo que no ocurría desde que la batalla de Toro diera la corona a Isabel la Católica. El Twitter ya no lo dominan ni los virólogos ni los vulcanólogos. Ahora todos sabemos de ganadería, extensiva, intensiva y mediopensionista. Para tuitear no hace falta salir de casa, siempre que tengas cobertura. Para votar sí. Y la abstención no sale en las encuestas, pero tiene su influencia en el resultado final.

En todos estos años en que las autonómicas han ido de la mano con la elección de los 2.248 alcaldes de la región, no todos han tirado de la oferta del 2x1. En 2019 la abstención alcanzó casi los 30 puntos, es decir, medio millón de votos. Y entre las autonómicas y locales se escurrieron otros 13.000 de los que dejaron para otro día el sobre regional. ¿Parecen pocos? Pues no tanto si tenemos en cuenta el factor despoblación. Las Cortes de Castilla y León nacieron con 84 parlamentarios o procuradores. Han menguado hasta los 81 a causa de los cada vez más paupérrimos censos.

La población de cada provincia, la participación y la aplicación de la Ley D´Hondt, que establece la proporcionalidad del reparto, obliga a mirar cada papeleta con lupa. Dos ejemplos: el único procurador que tenía Por Ávila (escisión del PP) sumó 9.455 votos. Podemos necesitó 13.866 en Burgos y 11.177 en León para salvar dos escaños de la debacle.

La España troceada (formaciones nacidas del movimiento de la España vacía, cada cual por su provincia) lo tiene difícil. Soria Ya, la más arraigada en la provincia con menos electores tendría que sumar 6.600 sufragios para sentarse en el parlamento regional.

Los analistas dicen que ese último procurador, por el que todos los partidos arañarán recursos, oscila entre los 17.000 votos de Valladolid a los 9.300 de Ávila.

Así que los candidatos dependen también de si el 13-F febrerillo el loco nos sorprende con una primavera inesperada y los votantes prefieren esquivar el COVID al aire libre, o si nos cae una Filomena de las que predicen las Cabañuelas y en lugar de la papeleta, el personal cambia urnas por la camilla y Netflix o una partida de tute si aún no le pusieron fibra óptica en su pueblo.