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La Opinión de A Coruña

Francisco García

Putin y la ‘maskirova’

La guerra es el arte del engaño. Esta frase lapidaria tiene más de dos mil años, menos sin embargo del tiempo que los humanos llevamos tirándonos los trastos a la cabeza, lo que ocurre desde el Paleolítico, más o menos. Quien estima que para alcanzar la victoria en un conflicto se hace preciso mentir constantemente es Sun Tzu, un brillante militar chino que escribió un ligero tratado bélico que ha sido libro de cabecera de, entre otros, Napoleón, Mao Tse Tung o el general Mc Arthur. Y cuentan que hizo también carrera entre los agentes del KGB. Por tanto es muy probable que Putin haya leído el libro escrito por el general chino, cuyo predicamento ha llegado incluso al mundo de los negocios: Emilio Botín aplicaba sus métodos al mercado bancario, en el que llegó a ser un voraz escualo.

Los rusos disponen de una palabra que define su elevada capacidad en el ejercicio militar de la simulación: maskirova. Su ejército es ducho en técnicas de engaño y despiste desde la batalla de Kulikovo, en 1380, cuando el príncipe Donskoi y sus 50.000 guerreros rusos hicieron huir en estampida a 150.000 soldados mongoles y tártaros, pese a combatir en una proporción de uno a tres. El Tercer Reich probó también tragos largos de idéntica medicina, que reúne medidas dosis de astucia y brillantez. Ocurrió en Jassy-Kishinev, en agosto de 1944, con exposición de tanques de mentira y la utilización de divisiones enteras del Ejército Rojo en direcciones falsas para confundir a los alemanes.

El caso es que, en la invasión de Ucrania, Putin no ha podido emular los postulados de Sun Tzu, quien consideraba inevitable que para que una guerra sea provechosa ha de ser corta. Cuanto más larga se haga la escalada bélica, cuanta más resistencia local encuentren los soldados del Kremlin, más desmoralizadora y costosa para ellos se volverá la contienda.

Y un apunte más: hace más de dos milenios Sun Tzu va sabía que “la proximidad de un ejército hace que aumenten los precios y los precios altos agotan la sustancia de la gente”. Solo hay que ver cómo se ha elevado en una semana la cesta de la compra. Ya estamos en guerra económica, y será también cruenta.

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