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La Opinión de A Coruña

Pedro de Silva.

Calima providencial

Vivíamos ya algo tranquilos la convalecencia de la llamada Gran Recesión, o sea, la crisis económica fraguada en 2006 (estallido de la burbuja inmobiliaria) y cuya primogénita fue la crisis financiera de 2008, cuando empezó a manifestarse el Apocalipsis del cambio climático; andábamos hechos a la idea de que para sortearlo in extremis o bajábamos la dieta vital o quedaríamos literalmente fritos cuando llegó la pandemia de la COVID-19, primer ataque de la rebelión de los virus, una apocalíptica conflagración universal de resultado todavía incierto; tratábamos de llegar, vacuna mediante, a un armisticio con los virus, buscando al menos un modus vivendi aceptable para todos (virus y humanos) cuando empezó a asomar en el horizonte un Apocalipsis aparcado desde hace como medio siglo, el del holocausto nuclear. Así que bienvenida la calima, que al menos no nos deja ver bien las cosas.

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