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La Opinión de A Coruña

Luis Carlos de la Peña

¿Desglobalización?

La inesperada y cruel campaña militar lanzada por Putin en Ucrania parece precipitar insospechados efectos de todo tipo. A los propios de una guerra abierta que no duda en machacar inmisericorde a la población civil, hechos que la historia y quizá la justicia calificarán, se unen los derivados de lo que algunos observadores estiman como el final de una época, el tiempo de la globalización.

La universalización de los negocios, el comercio, los movimientos de capitales y el desarrollo tecnológico se beneficiaron de un impulso definitivo con el fin de la Guerra Fría y la transformación de las economías china y soviética a partir del derribo, tan simbólico, del muro de Berlín en noviembre de 1989. Apenas 30 años de interconexión económica, política, social, cultural y tecnológica han bastado para hacer aflorar tanto las bondades como algunos de los límites actuales de este fenómeno global.

Si por un lado es innegable la mejora en los niveles de vida de amplísimas capas de población, en particular en el continente asiático, o el desarrollo y eficiencia alcanzados por los sistemas productivos, no son menos ciertos los daños y amenazas inmediatas que el crecimiento multipolar ocasiona en las viejas potencias occidentales, en particular en el liderazgo tecnológico de Estados Unidos, sin olvidar la dependencia de materias primas, en especial los suministros energéticos, y manufacturas básicas puesta también de manifiesto durante la pandemia en 2020, producto de la anterior deslocalización industrial de Occidente.

Las linealidades de causas y efectos que estarían en la trastienda de la guerra en Ucrania, las barreras arancelarias o la pugna tecnológica (5G) son tan ciertas como el actual estrangulamiento en las cadenas de suministros. En esta impensable concatenación de acontecimientos que nos toca vivir, no conviene perder la perspectiva. En 1776 ya advertía Adam Smith que “una vez que la división del trabajo se ha afianzado, cada hombre vive gracias al intercambio, se transforma en un comerciante, y la sociedad misma llega a ser una verdadera sociedad mercantil”. Esta formulación ha resultado tan exitosa, se ha implantado globalmente con tal naturalidad, que hace apenas dos meses, en los debates por videoconferencia del aplazado Foro de Davos, el propio Xi Jinping afirmaba que “la globalización económica es la tendencia de los tiempos. Ninguna contracorriente en el río impedirá que este fluya hacia el mar”.

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