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La Opinión de A Coruña

Carmen Pérez Novo

Crisis de la mediana edad masculina

¿Recuerdan, señoras y señoritas, aquellos tiempos, no tan lejanos, en que todo lo relacionado con la menopausia nos convertía a las mujeres en seres coléricos, irritables y con las facultades físicas e intelectuales muy disminuidas? ¿Y que ellos, sin embargo, eran poseedores de la eterna juventud?

Pues, señores y señoritos, eso ya es historia. Ante mis ojos tengo un montón de artículos sobre “climaterio masculino”. Lo siento por ustedes, pero, por hacer referencia a uno de ellos, el Grupo de Estudio de Salud del Hombre, ha hecho una encuestar a un grupo de españoles entre 45 y 74 años, y son muchísimos los que padecen los síntomas que caracterizan esta época de la vida masculina: sofocos, dificultad para conciliar el sueño, estado de ánimo depresivo, alteraciones del sueño, taquicardia, cefaleas, cansancio físico, falta de concentración, irritabilidad, fatiga, nerviosismo, reducción del número de erecciones matinales, disminución de la libido…

O sea que eso de que solo a ellas las carnes se les ponen flácidas y colgantes y que su sexualidad se desvanece antes, es algo que ya nadie se cree. Los tiempos actuales les exigen que abran los ojos a la realidad, hagan unas respiraciones profundas, para mantener un predominio del nervio parasimpático y que el corazón permanezca en calma, y se den cuenta de que, hasta la fecha, vivían atrapados por la oferta consumista de una falsa juventud eterna masculina. Y ahora, sobre todo los que superan la barrera de los 59 añitos, relájense, sigan leyendo con mucha calma, tomen otra respiración profunda, para no sufrir un síncope mortal, y sepan que todos estos síntomas se asocian con una disminución en la producción de testosterona, cuyos niveles descienden a partir de esa edad, lo cual trae como consecuencia, entre otras cosas, lo siguiente léanlo después de un pequeño descanso y muy lentamente, una menor potencia sexual…

Y es que, como ustedes saben por propia experiencia, aunque no lo reconozcan, su actividad sexual a los 50 años es la mitad de la que tenían a los 30 y, paulatinamente, a partir de esa edad, se va a ir reduciendo, hasta que desaparece casi por completo en torno a los 80. ¿Qué prefieren hablar de “pequeña crisis” de la edad madura? Pues, caballeros, piensen lo que quieran, pero curen la ceguera del corazón y asuman, de una vez por todas, que, ustedes, también envejecen ¡Y vaya cómo!

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