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La Opinión de A Coruña

José María de Loma

El bloc perdido

He perdido un bloc de notas. Era casi perfecto. Tamaño justo para el bolsillo, hojas impolutas de un blanco como de camisa nueva para bautizo. Sin rayas ni cuadros. Un día me miró desde las estanterías de unos grandes almacenes no muy grandes. Estaba arrinconado entre estilográficas, teléfonos y tablets. Me lo llevé sin que supusiera herida para mi bolsillo. Y anoté en él un verso. Era un verso sobrevenido, repentino. Con pretensión de luminosidad. Mediocre. Ya no lo recuerdo. Alguien puede haber encontrado ese bloc. Habrá leído ese verso, que quizás le haya producido un ataque de asma, un antojo de merluza a la vasca o una emoción prescindible. Nunca sabrá el autor. Yo nunca conoceré a ese lector.

También anoté una idea para un artículo que nunca escribiré, aunque a cambio la pérdida me ha supuesto asunto para este. Suelo anotarlo casi todo ya en el teléfono, pero el tacto de las hojas, el propio hecho de escribir a mano y el desplegarlo cuando voy a un acto me produce una sensación agradable. Tal vez sensación de reporter a la antigua o de hombre meticuloso que, paradójicamente, escribe en el bloc para ordenar pensamientos. También anoté una mini lista de la compra. Pan, Coca Cola, leche, batidos, atún. Es una compra como de miércoles sin historia, compra de un hombre que empuja un carro perdido en las inmensidad de las ofertas. Una compra que complemente a otra más grande y variada, no de emergencia, realizada por internet o en vivo un sábado a la mañana. Me queda un vestigio de ese bloc. Una hoja arrancada en la soledad de la madrugada, de urgencia, con el sueño invadiendo el espíritu. Empleada como marcapáginas. Ahí está: marcando por dónde me quedé en una historia que iba perdiendo fuelle sobre un hombre que por una extraña fuerza sobrenatural no puede salir de su casa los días impares ni conjugar verbos de la tercera conjugación. Puse la marca justo en el momento en el que estaba a punto de conquistar, el protagonista, no yo, a una chica que cuando se emborrachaba era capaz de hablar en croata, idioma que no conseguía hablar sobria. A ver cómo termina.

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