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La Opinión de A Coruña

Juan Gaitán

Exprimido

Siempre he deseado que mi vida fuese como los demás la imaginan. La envidia, que está flaca “porque muerde y no come”, según el inmenso Quevedo, se basa esencialmente en esto, en la imagen que tenemos del otro sin, en realidad, saber nada del otro. Ni de nosotros mismos, me corregiría Sócrates, referencia que los futuros estudiantes de eso que llaman ESO no comprenderán porque la Filosofía es un arma demasiado peligrosa para dejar que los jóvenes se acerquen a ella, no vaya a ser que aprendan a pensar por sí mismos y con espíritu crítico ante el poder y el mercado, que al cabo suelen ser la misma cosa.

Pero decía, digo, que ojalá mi vida fuese como los otros la imaginan. Para deshacer errores habré de explicar que yo también me siento exprimido, que he pagado el litro de gasoil a dos euros, que voy al mercado con una lista muy mermada, de solo lo imprescindible y alguna restricción, porque no alcanza, ya no alcanza. Que de noche me muevo por la casa sin encender las luces, confiando en la memoria espacial para no partirme un dedo del pie con la pata de la cómoda, por miedo al recibo de la luz y su intención de ser el sol, de tan alto y calcinante. Que doy gracias a los dioses por vivir en este sur que habito y que me habita donde no es necesario encender la calefacción, pero con honda preocupación por no saber qué haré cuando llegue el verano con sus impares días de terral, que a ver cómo sobrevivimos a los cuarenta y cinco grados sin el alivio del aire acondicionado.

Que me siento oprimido, sí, lo mismo que cualquiera, que yo también noto sobre mi espalda cómo me vence el peso del mundo sin ser el titán aquel, Atlas (nombre cuya etimología sugiere “portar” y “soportar”), que por castigo de Zeus carga la bóveda celeste sobre sus hombros.

Que yo también tengo miedo, como usted, que me lee quizás mientras desayuna, o en una pausa del trabajo, o en el trayecto a sus quehaceres. Que tengo la sensación de que este siglo XXI se parece demasiado al XX, que la invasión de Ucrania por Putin recuerda demasiado a la invasión de Polonia por Hitler, que el ascenso del populismo, de la derecha extremista, del radicalismo, unido a la inflación, al empobrecimiento de la población, es calcado al de aquellos años que desembocaron en lo que todos sabemos o deberíamos saber.

Que empieza abril, que por La tierra baldía de T.S. Elliot sabemos que es el mes más cruel, y he mirado por la ventana y la mañana está pesada de luz, y yo, hablando con mi soledad, no encuentro palabras con las que pedir un poco de ternura.

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