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La Opinión de A Coruña

Humano factor

Feijóo reunió este lunes a su nueva directiva en Génova. El miércoles lo recibe el Rey y el jueves va a ver a Sánchez. Ya es miembro de la Corte. Toda la semana en Madrid. Y lo que le espera. Pero aquí lo que le interesa a uno es dónde va a dormir, si ya le han buscado casa en Madrid, si está en un hotel, si va y viene más que un botafumeiro. Y que cuándo va a ver a su hijo pequeño. El factor humano. El hombre estará en plan multitarea: tengo que hacer una proclama contundente respecto a Vox, preparar qué le voy a decir al Rey y a ver qué empresa me hace la mudanza. No es poca tarea encontrar en Madrid un lugar de confianza donde den buenos percebes gallegos y berberechos de calidad. Los poderes del Estado, el sistema, se activan pronto cuando reconocen a uno de los suyos. Fue terminar el congreso de Sevilla y anunciar Casa Real y Moncloa que lo recibirían.

Alberto Núñez puede ser uno de tantos miles de madrileños que ansían el fin de semana para viajar a su tierra. Hasta una hipotética llegada a La Moncloa, que es un no lugar y donde ya no tienes que ir a buscar a nada ni a nadie: todo te lo traen. Zapatero comentó una vez que le gustaban las almendras y en Moncloa alguien puso en bastantes mesas y esquinas platitos de almendras. Lo contó él en una entrevista. No engordó, aunque sus adversarios lo garrapiñaban cada vez que podían.

Cuando vivía en Santiago de Compostela, Feijóo tenía como contrapoder quizás a un alcalde de ciudad grande. Ahora tiene a tiro de paseo a Ayuso, que nunca está contenta con nada, aunque esta vez tiene motivos: no ha colocado a nadie de su entera confianza en la nueva dirección popular. Una pena, dado que la presidenta podría haber sido buena introductora en los madriles del aún presidente gallego o del presidente gallego aún. Mira Alberto, no te líes, las mejores bravas aquí, la tortilla en La Ardosa y el bocata de calamares donde yo te diga.

Feijóo ya vivió en Madrid cuando era director general de Correos, donde algunos dicen que no pegó ni sello y otros le achacan la modernización y supervivencia del ente, ahora reconvertido en la actividad humana con más presente: llevarle cosas a la gente a su casa. A Feijóo le han llevado el poder. Aunque no a su casa, a Sevilla. Y él lo ha cogido y lo lleva en el bolsillo para aterrizar en Madrid. Llevará ese poder cuando se entreviste con Sánchez y con el monarca. Y cuando se plante en Génova y ordene renovar el mobiliario, que huele a chotuno y Gürtel, a Rajoy y a Casado, que una vez fuera de la política lo tiene difícil como agente de la propiedad inmobiliaria, ahí es nada no saber ni poder colocar un edificiaco tan céntrico. A Feijóo tal vez le guste más la calle Orense. O la carretera de A Coruña.

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