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La Opinión de A Coruña

Belloch

Con la venia

Juan Alberto Belloch

Exministro de Justicia e Interior

Feijóo o la buena educación

Es verdad que están ocurriendo tantas cosas de trascendencia histórica que puede parecer baladí ocuparse de temas domésticos. Ya habrá tiempo de comentar los temas centrales, pero hoy es el momento de intentar aclarar el estado de la cuestión en la periferia y concretamente en la periferia española.

En ese limitado espacio territorial la única muestra importante es determinar si, además de en Galicia, donde lo ha demostrado sobradamente, el señor Feijóo, tiene o no liderazgo (carisma si se prefiere) como para no ser conturbado por las fuerzas gubernamentales, cosa sencilla a la vista del nivel de los adversarios, sino sobre todo y sin duda lo más difícil, si es verdaderamente capaz de sobrevivir a las tarascadas que desde los primeros días va a experimentar en su carne mortal. No me refiero a Sánchez sino a Los Santos nada inocentes que ya crucificaran a Casado y pudiera ser que no se conformaran con esa pieza cobrada aspirando a objetivos de más largo alcance. Ya sabemos cómo la anterior cúpula popular fue fusilada al amanecer a mayor gloria de la señora Ayuso.

Tengo para mí que Casado y su equipo aún hoy no acaban de definir con precisión quién y cuándo les ajustició, y es que no deja de ser inaudito que una lideresa autonómica ponga en cuestión a toda una dirección nacional de su partido, y luego convierta ese jaque en jaque al rey sin que el monarca pueda evitar su muerte bastante súbita, por cierto. Feijóo tiene ya una dirección nacional de “toda confianza” pues la mayoría de sus miembros han sido elegidos por él, incluida la señora Gamarra, nueva secretaria general. Tenía Casado bien atada la mayoría de su grupo parlamentario y sin embargo fue abandonado por todos salvo por el periodista Montesinos, persona al parecer, cabal. De tal episodio fueron los principales protagonistas, además de la dama y de sus santos acólitos, personajes no históricos, pero con mucha historia a su espalda. Me refiero a quien fuera portavoz de Aznar y al señor López, consejero y exmagistrado por poco tiempo del Tribunal Constitucional, de cuyo cargo dimitió como es sabido. Entre todos ellos fueron capaces de cavar la tumba de Casado y los suyos, logrando además oscurecer y casi eliminar del tablero una cuestión eventualmente incómoda para Ayuso en escasos cinco días. Venía preparándose de tiempo atrás, pero justo es reconocer la brillante ejecución del plan en la mejor ocasión imaginable, ayudada por un error procedente del equipo de Casado. De la historia de este crimen perfectamente anunciado pueden extraerse muy diversas conclusiones que podemos resumir en dos: en política, los enemigos cuanto más escasos, más peligrosos. La segunda más conocida pero igualmente exacta es el clásico “señor, líbrame de mis amigos que de los enemigos me ocupo yo”.

Estimado señor Feijóo, ya le supongo conocedor de tales axiomas, pero peso a ello no le viene mal a ningún político en ejercicio tenerlos siempre presentes. He de confesarle que merece mi respeto y hasta mi afecto, pues le considero, aunque sea usted más joven, persona de mi generación. Me parece un político de antaño, con parámetros éticos semejantes a los que en mi quinta teníamos muy en cuenta. También me merece respeto que considere imprescindible la buena educación cuyo ejercicio sistemático y sostenido en el tiempo termina por producir mejores frutos que los de se obtiene de la grosería y la calumnia, ambas amparadas por la libertad de expresión.

Desde mi actual situación de pensionista y la correspondiente libertad que tal condición me otorga creo que lo mejor que podría pasarnos en España en términos políticos sería que usted pusiera a Vox en su sitio y Sánchez dejara en el suyo a Podemos. Y si las cosas no se tuercen y el resultado de las urnas lo permite, seríamos muchos los españoles quienes pensamos que es siempre preferible un gobierno de coalición a la alemana que un gobierno de confrontación, pues ésta no es nunca positiva y en tiempos de crisis profundas como las que vivimos, es una irresponsabilidad usarla como instrumento de guerra.

Hay muchas formas de llevar a cabo esa gran coalición, como un Gobierno compartido, acuerdo de legislatura o que gobierne la fuerza más votada. Los políticos que deben gestionan el resultado decidido por las urnas tienen diversos caminos, pero sería un error optar por la sopa de letras actual o por un gobierno únicamente de derechas.

Son estos extremos atajos que no llevan a ninguna parte o peor aún, al lugar de enfrentamiento entre las clásicas dos Españas.

Señor Feijóo, haga bien sus deberes, le deseo mucha suerte.

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