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La Opinión de A Coruña

Carlos Miranda

LA PELOTA NO SE MANCHA

Carlos Miranda

Más días como el domingo para el Dépor

William y Quiles lamentan una ocasión fallada ante el enfado de Badashile con su defensa. CARLOS PARDELLAS

Y despertó. Tarde para pelearle al Racing, a tiempo para ascender. Una mañana furtiva de abril, tras meses hibernando, el Dépor asomó la cabeza fuera de la cueva. Lucía el sol y ahí estaban Riazor y el deportivismo esperándole, dispuestos a disfrutar, prestos a desconfiar. Las resurrecciones eligen una fecha, se fraguan en el tiempo. Los goles caían, el buen juego afloraba, las sonrisas se multiplicaban. Sentó como pocas esta mañana rehabilitadora ante el DUX. El equipo de Borja necesita más, muchas más. Es demasiado tiempo y sensaciones perdidas como para recuperarlas de golpe. Con el play off en bolsillo y el ascenso directo fuera de su campo visual, el domingo empezó a transitar una senda que le puede llevar a ser el que era o, al menos, a convertirse en un club de Segunda. Dos partidos que lo justifican todo, dos partidos a lo que tiene que llegar pareciendo un equipo de verdad. Por el camino vendrán más pruebas de estrés en casa y fuera, en entornos conocidos y en ambientes adversos. Ahí se verá de verdad si el Dépor ha levantado la cabeza o aquel partido ante el DUX Madrid fue solo la agradable ensoñación de una mañana de Semana Santa.

Es un gran comienzo, pero el Deportivo debe convertir en rutina este rendimiento, en Riazor y fuera

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Para insuflar y para transmitir buenas sensaciones hasta estaban Alfredo y Scaloni en Riazor. Demasiada nostalgia de golpe. Un recordatorio de la grandeza del club que le debe llevar a escapar cuanto antes de esta Primera Federación. Es una obligación con los que vistieron la camiseta, con los que pueblan las gradas. Más allá de lo que inspiran por su presencia, es innegable que el héroe de la final de Copa del 95 acabó echándole una mano a su Dépor con un equipo y una apuesta futbolística que estuvieron a años luz de poder inquietar al grupo de Borja. Fue otra puesta en escena, se lo pusieron fácil. A pocos conjuntos les influye más jugar en casa o hacerlo fuera y Riazor no es, desde luego, ese césped artificial y esa caja de cerillas que tiene como aliado en Villaviciosa de Odón. Tampoco estaba el rival ni el escenario como para extremar esa apuesta de sacar la pelota jugada desde atrás. No hubo renuncia del equipo madrileño a su credo, sí hubo penitencia. Fue el Dépor un vendaval. Se hinchó a recuperar balones, se liberó tocando y fustigando la defensa y la portería visitantes. Para cuando se quiso dar cuenta y pretendió dar cierta marcha atrás, ya iban 2-0 y podía haber encajado otro par sin ningún tipo de problema. El Dépor fue arrebatador, invitó a la esperanza, pero ¿será capaz de hacer lo mismo fuera de casa, fuera de su zona de confort y con equipos que no se compliquen y que se dispongan a tirar de juego directo? Seguro que, en breve, habrá repuestas. La primera, en Talavera. Le quedan aún muchas pruebas al, en teoría, renovado Dépor de Borja.

La incisión de colocar a Aguirre en el lateral y liberar a Villares sentó bien al equipo, más la inocencia del DUX

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Fueron semanas y semanas moviendo el puzle, intentando minimizar el agujero del lateral derecho y sus reverberaciones a la media y al ataque y, por fin, ha aparecido una variante a tener en cuenta, que lo recoloca todo. Cuando las lesiones también se lo permitieron, Borja colocó a Diego Aguirre a pierna cambiada como ‘2’ y devolvió las piernas, el pulmón y el fútbol de Villares a ayudar en la media. Esa fue la base de una incisión practicada por el técnico y que debe entrar en los planes de futuro, aunque no para el inmediato, para Talavera, por el partido de sanción por acumulación de amonestaciones que tendrá que cumplir el ex del Numancia. La llegada a prueba de Antoñito, conocido por Borja, va en esa línea, en la de ganar alternativas para mover con más libertad el resto de piezas. Tiene, además, una dolorosa lectura adicional. No será sencillo volver a ver a Trilli y a Víctor García de nuevo esta temporada sobre el césped. Las sensaciones dictarán el regreso de ambos, el panorama es más que sombrío.

Solo Borja sabe cómo se entrena Peke, pero el fútbol es también magia, competición, futbolistas diferentes

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Tiempo para Yeremay

Mientras Borja ajusta el lateral y la media y Quiles sigue a lo suyo, marcando, se abre un espacio para las pruebas, la experimentación y para tomar decisiones que quizás penalicen a corto plazo, pero que acaben premiando en unas semanas. La incontenible racha del Racing de Santander y los titubeos de los perseguidores han dejado, de momento, al Dépor en una posición cómoda. Debe asegurar la segunda plaza, el play off parece estar en bolsillo. Puede llegar a la meta poniendo velocidad de crucero. Esa holgura debe servir a Borja para activar al resto de su plantilla. Desde fuera da la sensación de que hay casos perdidos como el de Menudo, pero el técnico ya ha dado pasos en las últimas semanas para meter en la rueda y tener en pie a futbolistas como Doncel, Rafa de Vicente y, sobre todo, Yeremay.

Riazor pudo ver media hora a un futbolista que solo había podido disfrutar a cuenta gotas en la Youth League y once minutos ante el Valladolid Promesas. A la grada le entra por los ojos Peke, es normal. Pero, más allá del efectismo, es que su desequilibrio con balón puede ser efectivo, muy útil en el tramo final, en un partido de play off que se pone del revés. Solo William tiene esa magia cuando echa la pelota al piso. Borja y quien conozca al milímetro los entresijos de Abegondo sabe como se entrena el canario, es lógico que tenga peso la meritocracia semanal en las elecciones del domingo. Hay que ir más allá. Los jugadores crecen, se forman con los partidos, con la confianza, con la competición, con la sensación de que son ellos, la pelota y el rival, con el desafío de cada regate. El atrevido cree en sí mismo, también necesita empujones.

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