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La Opinión de A Coruña

Semana de Francia (y no solo de Francia)

Nuestra cultura de la convivencia descansa al fondo en un sutil juego de compensaciones entre supuestos “ganadores” y supuestos “perdedores”. La propia socialdemocracia y sus mecanismos redistribuidores viene a ser la plasmación de lo mismo. ¿Cuánto debe ese modelo al cristianismo?: los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos (Mateo, 20-16). Muchos franceses odian a Emmanuel Macron por tenerse tan creído ser el primero en todo y pueden preferir a Marine Le Pen, cuya larga carrera no ha ido como una flecha sino merodeando el poder a través de derrotas parciales. La arrogancia siempre juega malas pasadas, pero de esta puede depender (o casi) el futuro de Francia, el de Europa y, de rebote, en cierto modo el de todos. En el gran debate televisado de hoy, Macron, para ganar, debería perder algo de apresto, cosa nada fácil para el que siempre ha ido planchado.

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