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La Opinión de A Coruña

Agustí Sala

Timos por teléfono

Suena el teléfono. A veces casi es mejor no cogerlo. Al otro lado suele haber un comercial que pretende que nos cambiemos de operadora de telefonía o de suministradora de electricidad o cualquier otra oferta. Y las llamadas llegan tanto en el teléfono fijo como el móvil, esté uno trabajando o echando una siesta. El problema es cuando las técnicas que se emplean son más que discutibles. Bien lo sabe la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Sucede con algunas comercializadoras de energía, una actividad que está liberalizada y en la que participan algunas compañías dispuestas a lo que sea para captar clientes, aunque sea sin que estos se enteren de que les están cambiando de suministrador y a veces con peores condiciones.

Un ejemplo: persona mayor. Un día recibe tres facturas por más de 400 euros de una compañía de la que desconocía su existencia. Tras llamar al servicio de atención al cliente le informan de que le hicieron una propuesta por teléfono unos meses atrás (al cliente se le comunican datos y este responde sí o no y se le graba. Luego le mandan un SMS de confirmación). Eso es todo. Ya es cliente. Y, para sorpresa o más bien disgusto del afectado, con un contrato con el que paga el doble de lo que pagaba antes en la compañía de la que creía ser aún cliente ¿Y por qué tres facturas de golpe? Porque se ha cambiado de comercializadora (esta vez conscientemente) pero pensando que pasaba de la que creía que era aún cliente a otra que le hizo una oferta de una forma más decente ¿Resultado final? Una factura abultadísima con una compañía de la que ha sido cliente apenas unos meses y sin ni siquiera saberlo.

Y es solo un ejemplo. No hace falta que sea ni siquiera una persona mayor. Les ha pasado a personas de todas las edades ¡Cuántas veces no le pillan a uno despistado al coger el teléfono! Menudas prácticas comerciales. Se asemejan a un timo y deberían penalizarse duramente. Si recurrimos al diccionario vemos que timar consiste en “quitar o hurtar con engaño” o “engañar a alguien con promesas o esperanzas”. Pues eso.

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