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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Porno en el Parlamento británico

Los tópicos, como los refranes, son pensamiento enlatado y listo para ser abierto, y usado, cuando no tenemos a mano un argumento con la calidad dialéctica suficiente para salir del paso. Si damos por cierta esa escueta definición, los españoles seríamos todos toreros; los alemanes, grandes bebedores de cerveza; los italianos, cantantes de ópera; los franceses, buenos amantes; los escoceses, avaros y exquisitos destiladores de maíz y de cebada; los chinos, laboriosas hormigas comerciales, que acabarán dominando el mundo; los rusos, frenéticos intérpretes de bailes caucásicos. Y así sucesivamente, hasta que “se quede el infinito sin estrellas”, como cantaba el famoso trío Los Panchos en el inmortal bolero. En esta ocasión, el tópico a manejar es aquel que caracteriza a los británicos por su imperturbable sentido del humor, gracias al cual son capaces de superar todo tipo de dificultades, sin que se borre la amable sonrisa de su boca. Un certero ejemplo de lo que digo serían el actor David Niven, y sus ilustres compañeros de oficio (y también británicos) Cary Grant, Laurence Olivier, Michael Caine, James Mason, Richard Burton, Sean Connery, Leslie Howard y algunos más de parecida categoría. Aunque si hemos de destacar a dos que sería imperdonable no citar debemos añadir a la lista de inmortales a Charles Chaplin y Charles Laughton. Todos ellos interpretaron, a lo largo de su brillante carrera, papeles de alto nivel social y económico, como jueces, abogados, financieros, editores y demás selecta fauna de la City londinense. Y también de diputados del Parlamento británico. Aunque para estos habría que hacer otra película si quisiéramos acercarnos a la realidad. El último escándalo que ocupa la atención de los medios implica a unas diputadas que, supuestamente, se cruzaron de piernas para alegrarle la vista al premier Boris Johnson, que perdió el hilo de su discurso ante una exhibición que recordaba a una famosa escena de la película Instinto básico. Desde el banco laborista se criticó a los conservadores por machistas y dos diputadas tories llegaron a denunciar a un compañero por estar visionando películas pornográficas en su teléfono móvil durante las sesiones de debate en la Cámara de los Comunes. Todas estas interioridades sirvieron de alimento para la prensa sensacionalista que le ha dedicado a este asunto varias portadas con titulares “catastróficos”, que es como le llamaban los tipógrafos de los periódicos del plomo a la utilización de tipos más grandes de lo normal. La investigación sobre “conductas inapropiadas” no ha rendido de momento el resultado que se esperaba hace tres años cuando se creó un organismo administrativo para prevenir y controlar los acosos y los abusos sexuales. Desde entonces, 56 diputados han sido denunciados. El tópico del británico imperturbable es solo eso, un tópico, y no se corresponde con la realidad de los sucesos que comentamos. Por el contrario, abundan los tipos rijosos y machistas. Hace años (1963) fue famoso el caso Profumo, el ministro de la Guerra que se relacionó sentimentalmente con una joven bailarina, Christine Keeler, que a su vez se relacionaba, también sentimentalmente faltaría más, con el agregado naval de la Embajada de la Unión Soviética, lo que dio lugar a una crisis de Gobierno. Primero dimitió Profumo y meses después el primer ministro Harold Macmillan.

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