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La Opinión de A Coruña

Joaquín Rábago

360 grados

Joaquín Rábago

Algunas cosas que conviene conocer de la guerra de Ucrania

La censura impuesta en Occidente a los medios rusos para que los ciudadanos, al parecer menores de edad, no estemos expuestos a la propaganda del Kremlin dificulta muchas veces hacerse una idea cabal de la guerra de Ucrania y analizar sus causas.

Entender, que en ningún caso —siempre hay que repetirlo para que no se vea uno acusado de pro Putin— significa justificar en lo más mínimo una guerra tan ilegal por cierto como otras anteriores cuya brutalidad, sin embargo, se le hurtó a nuestra opinión pública.

Apenas recuerdan ya los medios a las alrededor de 14.000 víctimas mortales causadas en los bombardeos del Ejército ucraniano desde 2014 contra las regiones separatistas del este del país o los 2,5 millones de ciudadanos de habla rusa que, tratando de huir de la violencia, se refugiaron en Rusia.

Como no se habla tampoco de las nuevas leyes de Kiev que, según aseguraba el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, en una entrevista con una cadena de televisión india, discriminan e incluso multan el uso de la lengua rusa.

En esa entrevista, el ministro se preguntaba por qué EEUU puede considerar un peligro para su seguridad nacional a un país a decenas de miles de kilómetros como Libia, Irán o Irak y no se le permite decir lo mismo a Rusia a propósito de Ucrania.

Es decir, un país situado en su misma frontera al que se invita a entrar en la Alianza Atlántica con la posibilidad, al menos desde la óptica del Kremlin, de que en él se instalen misiles con ojivas nucleares que en cuestión de minutos pueden alcanzar Moscú.

No es difícil imaginar qué haría Estados Unidos en el caso totalmente hipotético de que a México se le ocurriese pedir su ingreso en una nueva alianza militar que liderase, por ejemplo, China.

Basta recordar la crisis de los misiles de Cuba o lo que pasó cuando con Ronald Reagan, EEUU invadió en 1983 la pequeña isla caribeña de Granada en respuesta al golpe de Estado de Hudson Austin y su alianza militar cubano-soviética. Los norteamericanos llamaron aquella operación Furia Urgente.

Apenas se menciona ya el golpe ultranacionalista antirruso protagonizado por un sector de la población ucraniana con apoyo de Washington —hay grabaciones que lo prueban-—contra el Gobierno del presidente Viktor Yanukóvich después de que éste suspendiera la firma de un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea que perjudicaba al propuesto antes por Moscú.

O que la República de Crimea, mayoritariamente rusófona, no apoyó aquel golpe, lo que, en palabras del ministro Lavrov, hizo que el nuevo Gobierno de Kiev tratara inmediatamente de “terroristas” a los ciudadanos de esa república que había sido por cierto un Estado independiente y autónomo entre 1991 y 1995.

Ni se habla de que entre 1991 y 2014 la ayuda militar directa de Estados Unidos al Gobierno de Kiev fue de 3.800 millones de dólares o que la que siguió brindando Washington entre ese último año y 2021 fue de otros 2.400 millones, cantidad que volvió a dispararse tras llegar Joe Biden a la Casa Blanca.

Como no se recuerda que el Reino Unido y Canadá adiestraron a 50.000 soldados ucranianos o que la CIA hizo lo propio con el batallón Azov, fuerza de reserva del Ejército ucraniano dependiente del ministerio del Interior y cuyos miembros son sospechoso de simpatías pronazis. Estados Unidos y sus aliados se ocuparon bien de adiestrar a las Fuerzas Armadas ucranianas con vistas a su eventual ingreso en la Alianza Atlántica, movimiento geoestratégico con el que Estados Unidos quería claramente impedir el resurgimiento de Rusia como gran potencia, según la doctrina Brzezinski (1), de la que habrá que hablar otro día.

Nada de eso justifica lo más mínimo, repito, la invasión rusa de Ucrania, totalmente contraria al derecho internacional, ni por supuesto su brutalidad contra la población civil, pero sin entender por qué y cómo se entró en esta guerra, difícilmente se sabrá cómo salir de ella si es que hay alguna intención de hacerlo.

(1) Zbigniew Kazimierz Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional del gobierno del presidente demócrata Jimmy Carter y autor del libro El Gran Tablero Mundial, donde expone esa doctrina antirrusa.

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