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La Opinión de A Coruña

José María de Loma

Espías a lo loco

En un país en el que somos tan cotillas, tarde o temprano tendría que haber un escándalo de espionaje. España es una inmensa oreja que todo lo escucha y que ahora está deseosa de oír quién nos ha espiado. Los expertos recomiendan, cuando manejemos grandes secretos o tengamos que hacer confidencias, que volvamos a las viejas técnicas, es decir, a las técnicas del cine clásico de espías: hay que quedar en la calle y hablar al aire libre con el interlocutor. Nada de conversaciones telefónicas ni charlas bajo techo. Lo malo es que, salvo una vieja receta de la sopa de ajo, la mayoría no manejamos secretos y sí memes, facturas, saludos y conversaciones de gran altura del tipo compras tú el pan o lo compro yo. El mayor movimiento del móvil se da cuando a la noche se pone cachondón el grupo de padres del cole, el grupo de viejos compis del cole o el grupo de la familia: me he comprado un microondas.

Al Gobierno le ha venido bien que espíen a Sánchez, ya que así aparece también como víctima. No descartando que el que tenga que escuchar su charla no sea una víctima también. Por su parte, algunos dirigentes políticos han exigido la lista de espiados. Seguramente para ver si aparecen y así poderse dar el pisto (con tomate) de que ellos son importantes, vitales, espiados, notables. Pero más bien parece que sus vidas al espía, a Marruecos, al Gobierno,a los indepes o al CNI les importa un bledo o nardo, pimiento tal vez.

El PP ha salvado al PSOE de que haya una comisión de investigación. El viejo bipartidismo aún conserva complicidades. No es menor la que se deriva de no querer que en esa posible comisión estén diputados que trabajan para escoñar el Estado.

Lo que sí ha forzado la oposición es una comparecencia de Sánchez, que no puede llegar al Congreso diciendo exaltado: ¡ahora me van a oír! Sería ciertamente redundante, dado que de eso se trata, de que lo han oído y no sabemos quién aunque sí cuando. Permanezcan a la escucha.

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