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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

El espionaje y Margarita

El supuesto espionaje ilegal de más de 60 personas relacionadas con el procés catalán va adquiriendo perfiles tragicómicos a medida que se avanza en el conocimiento del caso. Por lo que sabemos hasta ahora, que es muy poco, una empresa radicada en Israel, tuvo acceso a la intimidad de todas esas personas mediante un sofisticado sistema conocido como Pegasus. Los supuestamente espiados pusieron el grito en el cielo, como suele decirse cuando alguien quiere dejarse oír elevando mucho la voz, y aprovecharon para pedir urgentes aclaraciones al presidente del Gobierno y la dimisión de la ministra de Defensa, Margarita Robles, y de la directora del CNI, Paz Esteban. El señor Sánchez no hizo mucho caso, aparentemente, de las quejas y, sobre todo, de las amenazas procedentes de Esquerra Republicana, que es uno de los partidos que le permiten mantener la mayoría parlamentaria. Una campaña victimista, que es una de las armas mejor utilizadas por los independentistas, parecía estar ya en marcha, pero Sánchez reaccionó rápidamente y lanzó sobre la mesa la noticia sensacional de que él mismo y la señora Robles también habían sido espiados por Pegasus. Y en el caso concreto del presidente del Gobierno con una intensidad superior a la de los demás. Según nos explican los mejor informados en la materia, el sistema Pegasus permite entrar en el teléfono de cualquier persona a partir de una partícula metálica de tamaño irrisorio. Y, una vez en su interior, desarrolla todas las capacidades de esa misma persona. En otras palabras, la réplica fiel de un otro yo. El sistema, por delictivo en sí mismo, ya debería de estar prohibido, pero sus creadores intentan tranquilizarnos con el argumento de que para su puesta en acción se precisa la previa petición de un Estado o de una entidad paraestatal, y la aprobación de un juez de alto nivel. Unas garantías que no nos tranquilizan nada porque entidades paraestatales hay cientos de miles en el mundo. Y lo mismo, o muy parecido, puede decirse de los jueces de Estados bananeros. Por otra parte, ¿cuál es el límite competencial y territorial de esas autorizaciones? ¿Se las puede instar desde un Estado a otro? La casuística sería interminable. Lo único que nos queda claro es que el Estado de Israel queda en posición de ventaja respecto del espionaje mundial gracias al sistema Pegasus al darle amparo legal y carta de residencia en su territorio. De todos es conocida la eficacia de los servicios secretos de Israel, que han logrado cobertura mundial en casos muy sonados. Con una mano más larga de lo que le correspondería dado su tamaño y población. Y también son una potencia nuclear, aunque no lo reconozcan oficialmente. En otro orden de cosas, el caso Pegasus tiene una veta humorística indudable. La autoría del espionaje está por desvelar, aunque algunos apuntan a Marruecos. A donde nadie apunta es al expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, que vive asilado en Bélgica. Si hemos de darle valor a su vertiginosa proclamación de la independencia, Cataluña ya es un Estado desde hace años y, por tanto, reúne todos los requisitos necesarios para ser considerado uno de los principales sospechosos del espionaje. Y dejen de darle la lata a Margarita Robles, que es una patriota sin tacha.

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