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La Opinión de A Coruña

Tino Pertierra.

Solo será un minuto

Tino Pertierra

Estaba con los hipopótamos

Mario: “Recuerdo haber pasado tardes gloriosas en el cine de mi barrio (hoy borrado) con las peores películas del mundo. Hoy lo confieso porque me da igual lo que piensen de mí. Hasta hace poco lo habría negado porque hasta hace poco solo presumía de haber visto la filmografía completa de Kurosawa, Bergman y Fellini. Y la disfruté, pero si vuelvo la vista atrás, muy atrás, me reencuentro con un niño que se lo pasaba en grande cuando la pantalla se llenaba de catástrofes (rascacielos, cruceros, ciudades enteras) con viejas glorias de Hollywood o aparecían en ella Bud Spencer y Terence Hill (nombres yanquis para dos italianos de pura cepa) repartiendo estopa a diestro y siniestro.

Sobre todo el primero, una especie de Obélix en tamaño XXXXL, porque el otro iba de guapito de cara y titando a listillo. Estoy con los hipopótamos, Dos superpolicías... Eso sí que son títulos contundentes y filosóficos. Traigo este recuerdo sin importancia porque mi mejor amigo en el colegio se parecía a Spencer y yo, rubiales tirando a flacucho pero astuto a rabiar, lo usaba como protector cuando alguien intentaba pasarse de la raya con alguien más débil. A Bruno, que así se llamaba mi escolta particular, no se le daban bien las redacciones y yo se las escribía, bajando el listón para que no se notara demasiado que ahí había truco. A Bruno lo que le gustaba era la NBA, se sabía los nombres de cada jugador y los resultados de los últimos diez años. Yo le escuchaba fascinado por su fascinación.

Lo curioso es que jugando era un desastre. Íbamos al cine a ver películas tontas. Sus risas eran tan estruendosas que la gente le miraba estupefacta. Llegó un día en el que me avergonzó ir a su lado y lo cambié por gente que lo despreciaba. Nunca me lo reprochó. Nunca me lo perdoné”.

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