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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

INVENTARIO DE PERPLEJIDADES

José Manuel Ponte

Sustitución en vez de destitución

La política es el arte de ocultar con palabras el significado de otras palabras cuyo empleo nos resulta enojoso, o inconveniente. El último ejemplo (mal ejemplo) de esa práctica nos lo ha proporcionado la llamada “crisis de los espías”, al trascender que agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) no estuvieron diligentes en el control de la información secreta obtenida por el sistema Pegasus, que depende de una empresa NSO radicada en Israel. Después de saberse que las víctimas del espionaje fueron políticos independentistas catalanes, el presidente del Gobierno, el ministro de Interior y la ministra de Defensa, el interés de los medios se centró en certificar la confiabilidad de los datos suministrados por una sociedad mercantil privada que ofrece garantizar la máxima reserva en el trato. Hasta el punto de solo venderlos a Estados de reconocida solvencia que es tanto como prometer un imposible. Y no tardará en llegar el día en que los medios de comunicación accedan a ellos y los vayan publicando por capítulos. La escandalera política fue subiendo de tono y muy pronto los partidos y los tertulianos pidieron al Gobierno que empezase a “cortar cabezas”, que es la forma más brutal y desconsiderada, literariamente hablando, de exigir responsabilidades políticas. Descontado que el presidente del Gobierno, señor Sánchez, ordenara su propia destitución, disolviese el Parlamento y convocase elecciones generales, la cabeza a entregar debería ser la de la ministra de Defensa, Margarita Robles, que es quien nombra a la directora del CNI y, por tanto, su inmediato superior. Pero nada de eso sucedió. La señora Robles se presentó ante la opinión pública con el aspecto risueño de quien acaba de inventar la pólvora. Primero, cubrió de elogios a la directora del CNI, Paz Esteban, una funcionaria de alto nivel con cuarenta años de servicios al Estado. Y a renglón seguido, la destituyó poniendo en su lugar a Esperanza Casteleiro, de parecida trayectoria. Cumplido el trámite, doña Margarita Robles hizo un entusiasta elogio de sí misma, de su competencia como jurista, de su patriotismo, y de su inquebrantable amor a España. La conversión patriótica de los políticos españoles que acceden a ocupar puestos importantes en la jerarquía militar es una constante histórica en los últimos años. ¿Quién no recuerda la inflada marcialidad con la que exministros como Federico Trillo, por el PP, o José Bono, por el PSOE, pasaron revista a las tropas? Y también la ministra socialista Carme Chacón que, pese a estar en avanzado estado de gestación, no quiso excusarse de esa parte del protocolo castrense que obliga a desfilar, marcando el paso, al son de una banda de música, con mucho trompeteo y redoble de tambores. La “crisis de los espías” pasará a la pequeña historia de estos acontecimientos como la ocasión en la que una ministra del PSOE quiso explicar que una directora del CNI, Paz Esteban, no fue “destituida” o “cesada” sino “sustituida” por otra funcionaria de parecido rango. Hay que ser un fino jurista, como la señora Robles, para descubrir el matiz. “Destituir” o “cesar” suena como una actuación cortante, definitiva y separadora. En cambio, “sustituir” alude a un proceso pacífico y acordado de antemano. En el fútbol, sustituimos a un jugador por otro que sale del banquillo para mejorar el juego, pero nunca lo destituimos. Salvo al entrenador.

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