Que la luz pueda quedar atrapada dentro de un cuerpo no parece algo intuitivo. Simplemente no lo es, porque eso no se ve en nuestra vida cotidiana y tendemos a pensar que aquello que percibimos asiduamente, es todo lo que existe.

Sin embargo, un físico alemán de origen judío —Karl Schwarzschild—, al resolver las ecuaciones de la teoría general de la relatividad de Einstein, encontró que la luz podría ser totalmente absorbida por un cuerpo que tuviese una gran masa. Algo totalmente sorprendente.

Debido a la proliferación de noticias científicas, a veces se nos olvida que el veredicto final en la ciencia lo tienen las pruebas experimentales. Ni las opiniones, ni las bellas conjeturas académicas; ni por supuesto, el renombre del investigador. Solo la evidencia cuenta.

Entonces, ¿los agujeros negros existen realmente? o ¿son solo meras elucubraciones de mentes brillantes en busca de un sitio en el Olimpo científico? La respuesta nos llegó en forma de imagen en el año 2019. El primer objeto de esas características fue hallado en la galaxia Messier 87, M87*, a cincuenta y cinco millones de años luz de nuestro planeta. Ahora el mismo equipo acaba de obtener la silueta de Sagitario A*, el monstruo masivo que se aloja en el centro de nuestra propia galaxia. Sagitario A+ es bastante más pequeño que el M87*, su masa equivale solamente a cuatro millones de la sol frente a los seis mil millones de soles que cabrían en el M87* y su diámetro es unas seiscientas veces más pequeño. Además es menos activo. El telescopio Hubble detectó fuertes chorros de material saliendo del M87*, eso significa una alta actividad devoradora, ya que parte de la materia absorbida por el agujero negro se encuentra en un ángulo singular que le permite volver a salir. Algo así como la comida que le sale por la comisura de la boca al glotón compulsivo. Esto no ocurre con Sagitario A*, por ello ya le han bautizado como El Gigante Apacible.

Más de trescientos investigadores de todo el mundo trabajando conjuntamente, ocho radiotelescopios para construir el mayor consorcio instrumental que se conoce e implementar un telescopio de tamaño planetario. La labor de experimentalistas, teóricos y técnicos tratando de procesar los datos que iban apareciendo constituye, no solo un hito científico, sino una lección moral para la humanidad: la colaboración es más útil que la confrontación.

Pero lo más desconcertante de todo es que unos seres, en apariencia insignificantes, como nosotros seamos capaces de comprender cómo funciona el universo; que un limitado cerebro de apenas el tamaño de diez pelotas de tenis pueda desentrañar los misterios más arcanos del cosmos. Lo que acabamos de vivir refleja, a mi juicio, la grandeza del espíritu humano.