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La Opinión de A Coruña

Jorge Dezcallar.

Finlandia y Suecia se acercan a la OTAN

Suecia abrazó la neutralidad como política de Estado en una decisión libre y soberana y a Finlandia se la impusieron los soviéticos después de arrebatarle un buen trozo de territorio en 1939. Y a ambos países les ha dado tranquilidad durante tres cuartos de siglo, hasta que la invasión de Ucrania les ha metido el miedo en el cuerpo porque ha hecho saltar por los aires la arquitectura de seguridad europea y por eso ahora quieren entrar en la OTAN. Cuando lo hagan se duplicará la frontera terrestre que la Organización tiene con Rusia pues Finlandia tiene nada menos que 1300 kilómetros de frontera con Rusia. Si con la invasión Moscú pretendía alejar a la OTAN, va a resultar que ha acabado haciendo un pan con unas tortas.

Hasta ahora la cuestión de la OTAN no formaba parte del debate político de Estocolmo y Helsinki. Y así, a diferencia de Dinamarca, Noruega y los tres Bálticos, ninguno de los dos países se planteó entrar en ella hasta que la invasión de Ucrania les hizo ver más de cerca las orejas al lobo. Habían empezado a preocuparse en 2008 cuando Rusia intervino en Abjacia y en Transnistria, y su preocupación aumentó cuando anexionó Crimea en 2014.

Entonces enviaron una carta a Bruselas recordando la solidaridad del artículo 42-7 del Tratado de la Unión Europea, que es similar a la garantía de asistencia colectiva en caso de agresión que ofrece el artículo 5 de la Carta de la OTAN, con la enorme diferencia entre ambos de que en el primero no están los Estados Unidos.

Por eso, cuando Rusia ha invadido Ucrania han sonado todas las alarmas en Helsinki y en Estocolmo, donde ha cambiado radicalmente la percepción de la seguridad como refleja su opinión pública: en Finlandia el apoyo al ingreso en la OTAN ha pegado un subidón desde el comienzo de la invasión y ha pasado desde el 28% al 68%, nunca se había visto nada igual, y en Suecia una encuesta muy reciente también refleja un apoyo del 47%. En ambos países ese respaldo sube hasta el 80% y el 60%, respectivamente, si el otro país también entra. Aunque muestran menos entusiasmo que los finlandeses, los suecos saben que quedarse como el único país nórdico fuera de la OTAN les aislaría y les haría más vulnerables frente a una Rusia que en todo caso saldrá de esta guerra más aislada políticamente, más débil desde el punto de vista militar, y por eso mismo más peligrosa e impredecible.

No hace falta decir que la OTAN sale revitalizada de la crisis de Ucrania y ahora estos dos países reforzarán sustancialmente su flanco norte y el mar Báltico, alterando una vez más delicados equilibrios europeos pues ambos poseen buenos ejércitos y hace años que tienen una cooperación estrecha con la OTAN, como demuestra su reciente participación el ejercicio militar Cold Response de este mismo año. Ya hablan el idioma de la OTAN y no hay problemas militares que dificulten su integración, como ha reconocido su secretario general Jens Stoltenberg al decir que su proceso de admisión sería muy rápido, aunque la necesaria ratificación parlamentaria de los actuales 30 miembros llevará algo más de tiempo durante el cual se les podrían dar garantías de seguridad frente a las amenazas que ya ha comenzado a proferir una Rusia indignada. Nada se puede objetar a la decisión de dos países soberanos a entrar en la OTAN. Otra cosa es si la expansión de la Organización hacia el Este contribuye a una mayor seguridad de Europa o, por el contrario, pone a Rusia cada vez más nerviosa.

El pasado jueves el presidente Niisto dijo que Finlandia debe pedir el ingreso “sin demora” y se espera que en cuestión de días tanto su país como Suecia anuncien formalmente su decisión, lo que da más relevancia a la Cumbre del 28 de junio en Madrid y hace aún más deseable que el gobierno español sea capaz de apoyarla con firmeza hablando sobre ella con una sola voz. Aunque quizás sea pedir demasiado para un gobierno donde la portavoz de Unidas Podemos pide el boicot de la reunión y su sustitución por una “cumbre por La Paz”. Un guirigay. ¿A alguien le extraña que cada vez pintemos menos en política exterior?

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