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La Opinión de A Coruña

Carlos Miranda

LA PELOTA NO SE MANCHA

Carlos Miranda

Las dudas del Dépor: ¿motor o tenaza?

Álex Bergantiños ante el Tudelano CARLOS PARDELLAS

El deportivismo busca seguridades y calma y su equipo se empeña desde hace un tiempo en ofrecerle todo lo contrario. Quien ya ha asumido lo que tiene en casa y que poco a nada va a poder hacer para cambiarlo pudo, al menos, llevarse a la boca y con gusto una remontada en Riazor ante el Tudelano. Hollín fuera, gargantas quemadas. Tras el subidón, ese 4-3, en realidad, a lo que empuja es a pasarse varios días de la posterior semana cavilando, cabeceando. No puede ser. Otra vez las dudas, otra vez un tramo de partido de sonrojo absoluto, otra vez esa sensación de que así no se asciende. Todo mezclado con una innegable subida de nivel en las prestaciones ofensivas del equipo. Ese contrapunto necesario y traicionero que es la esperanza. Un coctel de infinitos sentimientos y preguntas que retumban, que agotan y que no hallan respuestas inmediatas. Llegarán, finalmente, en una oportunidad histórica, el play off de ascenso, que también supone una olla a presión de ansiedad, urgencias y fantasmas que desfilarán en menos de un mes por la casa blanquiazul. Ni un verano tranquilo. Hay que ir encargando las calmantes. La paciencia y la resignación ya vienen de serie.

Es un coctel de esperanzas, inseguridades y preguntas que retumban, agotan y no hallan respuesta

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Cuando acaricia la segunda plaza y la cita decisiva, el Dépor llega a ese día D con una única seguridad por encima de todas: se va a presentar en A Coruña en esos días inciertos de junio sin ser un equipo redondo. Con un gran potencial, siendo el rival al que todos temen, pero no redondo. No hay nada peor que la duda, no hay nada más agitador que la duda. Sabe el grupo de Borja Jiménez que no llega como le gustaría y que eso le puede pesar en los malos momentos. También le puede llevar a estar alerta, a saber que aún debe superarse, a sacar todo ese potencial que lleva dentro. ¿Tenaza o motor? Hay que ver cómo las gestiona, qué efecto producen en él.

El paso de los meses ha gestado un Dépor que, para funcionar, debe encontrarle el punto a los partidos, algo que en algunas fases de la temporada le ha costado. El sábado pasado su primera parte en ataque fue avasalladora. Era un escopeta de repetición. Con la salvedad de algún tramo de buena presión arriba de los navarros, no les dejaban respirar. Y ese vértigo, esa asfixia que generó en su contrincante es meritoria porque en muchos momentos de la liga no era capaz de tener claridad en la cercanía del área rival. La virtud también generó un defecto. Era un equipo largo. En el ida y vuelta se descubría, perdía duelos en el área, en la frontal, dejaba futbolistas sueltos que transitaban, progresaban y hacían daño con muy poco. Peligroso. Tras el descanso, tuvo que bajarle las revoluciones al duelo para tenerlo en su mano. Atacar menos, atacar mejor y, por fin, defenderse. Todo favorecido por un Tudelano al que el fuelle ya le empezaba escasear.

El Dépor acabó saliendo victorioso de una tarde trampa. Supo reinventarse, superarse y ganar. No es mal motor. Le rescató su calidad, sin duda, también que fue capaz de adaptar el partido a lo que necesitaba. Otra de las facetas que le reflotó fue el balón parado. Dos de los cuatro goles fueron en jugadas ensayadas, conquista que parecía una quimera hace unos meses cuando el Dépor veía pasar los partidos y los saques de esquina y las faltas laterales a puñados ante sí sin sacarles el más mínimo rédito. Ojalá hubiera ofrecido estas prestaciones en otras fases del ejercicio porque de más de un apuro le habría sacado, sobre todo, a domicilio. Aun así, no es tarde para convertirlo en un valor decisivo ahora que llega el play off.

Miku, Quiles y Yeremay

El día que no marcó fue el que se hizo más patente lo que supone Quiles para este Dépor. Es casi contranatura que el equipo coruñés consiga cuatro tantos y ninguno sea del onubense. El grupo necesita esa coralidad en el gol, más allá de que el ex del Recre ha sido el mástil del barco en esa tempestad que supuso la falta de pegada de la segunda y tercera línea. A él le dio igual, su impronta fue máxima en la segunda parte del sábado, ya en la derecha. La jugada del 3-3 es la que mejor le radiografía. Abandona la banda para venirse al centro, protege, se da la vuelta, abre la izquierda, progresa y le señala el hueco del pase a Villares, corre hasta limpiar la cal de la línea de fondo y le hace un regalo a Miku. Tiene después tiempo para ser levantado, abrazarse y señalar al venezolano ante la grada en el festejo. Lo importante es recuperar a su socio por encima de él. Equipo. Impagable.

El Dépor redujo sus ataques, aparcó el asalto para controlar más y ser menos vulnerable. Le pilló el punto al partido

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En ese sube y baja de la bolsa blanquiazul Quiles nunca abandona la cima, quizás Miku lleva meses hacia abajo y ahora despunta Yeremay. El gol del ‘7’ blanquiazul es capital. Aunque tenga sus años, le cueste instalarse en el puesto de forma y parezca estar lejos de su principio de liga, el Dépor necesita una versión mejorada de él. Quizás no la superior de esta temporada, pero algo más cercana a su máximo. Quiles no puede llevar él solo encima de sus hombros la responsabilidad del gol, del ataque.

El día que no marcó Quiles se hizo más imprescindible. Todo lo que ejecutó el ariete en la jugada del 3-3 es de clínic

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Y en esas puertas entreabiertas que le han ido dejado el Dépor y Borja a la cantera quien más peso ha ganado en las últimas semanas es Yeremay. Con Trilli en la camilla y Noel de salida, al canario le ha costado, pero está ahí. Si el balón está en sus pies, siempre pasa algo, Riazor se pone de puntillas en el asiento. Tanto y tan poco. Muy valioso para lo que queda. Un futbolista de partidos, de escenarios grandes, de retos. Listo y alistado.

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