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La Opinión de A Coruña

Vuelta (y bien está) a las andadas

Corría 1996 y, tras años denunciando la colusión de Felipe González con los nacionalistas, José María Aznar gana las elecciones pero se encuentra con que para gobernar necesita pactar con ellos. Los nacionalistas tienen la desdichada manía de estar siempre ahí, como un eterno bebé, o sea, llorando y mamando. Recuerdo la imagen de Pujol la noche electoral, lista de resultados en mano, echando cuentas —en dos sentidos— mientras daba la vuelta al papel al no acabar de creerse una papeleta con tanto premio. Y vaya si lo tuvo en seguida al pactar con Aznar (pacto del Majestic) y hacer caja para Catalunya. España es una repetición, y gracias a eso sigue existiendo. El n.º 2 de Feijóo ha empezado ya a dar una curva de radio muy amplio, con lo de la plurinacionalidad de España. Es una bendición para la estabilidad del país que el nacionalismo periférico esté en el centro y no haya otro centro.

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