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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

Inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Sobre la importancia del nombre

Transcurridos tres meses desde el referéndum en el que los vecinos de Villanueva de la Serena y los de Don Benito votaron a favor de unir ambos municipios en una sola entidad administrativa, la finalización del proceso queda a la espera de conocer el nombre de la nueva ciudad, que sería la tercera de Badajoz por número de habitantes (63.000). En un país con un exceso de entidades municipales, las noticias de fusiones impulsadas por una mayoría de los censados siempre son bien recibidas en la medida en que suponen (teóricamente) la racionalización de los servicios públicos y del personal encargado de hacerlos funcionar.

Por supuesto, no todos los municipios reúnen las condiciones precisas para que las “uniones” representen un avance beneficioso. En unos casos porque el concello son cuatro gatos y en la hucha comunal no hay más que telarañas. Mientras que en otros, más prósperos, las envidias y las rencillas hacen descarrilar los mejores propósitos. ¿No habíamos quedado en llamar “eternos rivales” a los ciudadanos del pueblo de al lado? Una “rivalidad eterna” es un sentimiento tan enraizado en lo más profundo de la mollera que parece imposible domesticarlo.

La tan necesaria reforma del mapa municipal español es la asignatura pendiente de nuestra peculiar democracia .Y permanece prácticamente intocada desde que la diseñó en 1883 Francisco Javier de Burgos y Del Olmo durante la regencia de María Cristina (aquella que, como dice la canción, “nos quiso gobernar”). Consta de 49 provincias y 15 regiones y se les dio el nombre (con alguna excepción, como Pamplona) de la capital.

Dar el nombre, nombrar, bautizar, es una tarea muy importante a la hora de esclarecer los orígenes de algo, o de alguien antes de proyectarlo hacia el futuro. En los países con una larga (y bien documentada) historia, el nombre a utilizar suele ser el resultado final de una evolución lingüística clara y científicamente demostrable. Por el contrario, carecer de nombre es una desgracia y un signo de mal agüero. Ya lo comenté en más de un artículo pretérito, pero he de insistir.

Al escritor mejicano Juan Rulfo le solicitaron opinión sobre Estados Unidos en un debate de La Clave, un programa de RTVE que dirigía el periodista asturiano José Luis Balbín. Después de una meditación silenciosa, y oculta la mirada tras unas grandes gafas negras dijo: “¿Estados Unidos?... ¿Estados Unidos? ¿Qué cosa puede ser eso que no tiene nombre? Nadie se atrevió a discutir la evidencia.

Darle nombre a la unión de Villanueva de la Serena con Don Benito está siendo más complicado de lo que se pensaba en un principio. Y los dos alcaldes de los municipios implicados han dado un plazo que termina el 30 de mayo próximo para encontrar el nombre definitivo. En estos casos, es recomendable elegir lo más sencillo. Por ejemplo, Villanueva de Don Benito, una sugerencia que yo hago desinteresadamente. Y déjense de proponer nombres como “Las Vegas del Guadiana “ y cosas parecidas que parecen propias de promociones inmobiliarias.

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