El 18 de mayo de 1998 la portada de la revista Época, dirigida en ese momento por el periodista Jaime Campmany, ofrecía a sus lectores la triste noticia de la muerte del periodista Antonio Herrero. Unas circunstancias en las que no había todos los adelantos que tenemos actualmente.

Con su juventud, Herrero se había ganado a muchos oyentes y todas las mañanas sintonizaban una emisora que tenía la flor y la nata de lo mejor en aquel momento. En las páginas de Campmany sus firmas habituales eran Jesús Cacho, Alfonso Ussía, Fernando Sánchez Dragó o Manuel Alcántara.

Uno de los habituales era un periodista que sería conocido con el nombre de Jesús Mariñas, quien había nacido en A Coruña y con unas inquietudes fuera de lo común para aquellos tiempos.

Mariñas logró hacerse un hueco en aquella España escribiendo sobre un tema que muchos denominaron corazón. Actualmente el periodismo es algo donde se escriben temas serios y no tan serios.

Habiendo trabajado en El Ideal Gallego, escribía una crónica donde primaba la información pues como él mismo decía, periodismo es contar aquello que nadie sabe, pues lo que se sabe para qué contarlo. Cuando pasabas las hojas de la revista Época o de otros medios de comunicación uno se quedaba con ese coruñés que no sabíamos que lo era y unas fotografías firmadas por Elio Valderrama, un venezolano que con el tiempo se uniría a Jesús. Sí es cierto que se conocían hace años cuando el propio Elio quiso establecerse en España y como el mismo Mariñas escribe “ya traía algunas lecciones aprendidas”.

El corazón era corazón, es decir, se hablaba de personas o personajes que habían hecho algo, que tenían un trabajo y con ello de alguna manera brillaban o no. Ahora cualquiera sale en una revista.

Muchos de ellos llegaron a ser amigos y lo invitaban a su casa, no una sino varias veces, como ocurrió con Montserrat Caballé o con la propia María Teresa y fue testigo de las rivalidades entre la propia Montserrat y Plácido Domingo y María Teresa Campos, de quien fue muy buen amigo. Hasta una entrevista con Wenceslao Fernández Flórez, que le cayó simpático al llevarle una de sus obras.

En estos días cuando Jesús Mariñas nos ha dejado… Con la colaboración de Pedro Narváez ha salido un libro que cuenta aquellas cosas que su autor quiso contar como testigo de la historia de España de los últimos cincuenta años.

Nos revela que el rey Juan Carlos, que ya vemos por Galicia, le llamaba para interesarse por lo que decían de él. Hasta de los amoríos que el Borbón dicen que tenía con una Bárbara Rey que aparecía subida a un elefante en el circo de su marido, Ángel Cristo, y una reina Sofía a la que algunos tildan de una mujer fría y griega.

O que la duquesa de Alba lo despertaba a las seis de la mañana para estar al cabo de la calle. También cuenta cómo fue ese puñetazo propinado por el Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela y habla de una desconocida Mariña Castaño que, según sus palabras, se encontraba en plena forma pese a que no lo veíamos en los medios de comunicación o no lo escuchábamos en un programa como Protagonistas de Luis del Olmo, quien lo tuvo que despedir por un comentario. Lo que parece es que tenía una memoria envidiable pues nada más comenzar a escribir relata cómo llego a conocer a Carlos Larragaña y a su extensa familia cuando visitaron A Coruña o cuando Vicente Parra no quería que supieran sobre su homosexualidad y como ocurre en ocasiones el mito de ¿Dónde vas, Alfonso XII? se comió a su protagonista en el cine.

Hasta describe con todo tipo de detalles cómo era Julio Iglesias y los encuentros no encuentros que mantuvo con él. Nos habla de un personaje culto conocido por el Rey, José Luis de Vilallonga y otro menos culto quizás, pero conocido entre otras cosas por su Cabina, José Luis López Vázquez.

Lo podíamos leer en el diario La razón, donde Pedro Narváez es el subdirector y sus destinos se cruzaron por primera vez en el primer número del diario cuando un artículo de Mariñas no llegó a tiempo y como subdirector tuvo que sustituirlo. Trabajó en todos los medios habidos y por haber, y a partir de la tarde era la hora de los actos sociales, de los encuentros y de las copas y de esas fiestas donde saludas a todo el mundo sin conocerlos pero enterándote de todo y de todos... Las relaciones, si las hubo, de una Isabel Pantoja cuando no se hablaba de su hijo o de su hija y de una Encarna Sánchez cuando nadie mencionaba su nombre.

Es conocida la anécdota de Jesús Mariñas que al ser entrevistado en la Radio TV de Galicia no ve ningún cuadro de un autor gallego en la misma… Entonces en un idioma gallego a su manera le dice a quien lo entrevistaba, “cómo es posible que en esta sala al entrar no haya ni uno solo”… Piensa un poco y añade… “Solo tenéis a ese autor gallego”. Jesús por Mariñas. Memorias del corazón.

Gracias, Jesús Mariñas.