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La Opinión de A Coruña

Tino Pertierra.

Solo será un minuto

Tino Pertierra

Los retrasos que te esperan

Pedro: “Ya no. Yo no. Me apeo. No en la próxima, no. Ahora. Ni un segundo más. Ya acumulé demasiados retrasos en mi vida. Tantos que perdí la cuenta hace años. Mi capacidad de aguante se quedó en reserva cuando quise acelerar y no me dio tiempo a repostar. Me quedé clavado en la vía: casi muerto. Retrasé la decisión de abandonar una carrera que me producía arcadas. Sí, papá, arcadas. La empecé por ti, para que dijeras por ahí que tendrías un sucesor en el despacho cuando te jubilaras. Pero dos cursos y medio después no aguanté más. Y me fui y me miraste cuando te lo dije como si fuera un extraño, no un hijo. Un extraño y un enemigo. Vaya decepción, ¿verdad? Es que dejé de mentirme, ¿sabes? También retrasé la huida de la oficina donde trabajé casi cinco años labrándome un futuro que enfangaba mi pasado. ¿Cambiar unos estudios nefastos por un curro nauseabundo? Vaya canje más pobre. Al menos, ahora soy pobre pero me divierto. No es que gane mucho con mi bar de cervezas y música folk pero me sirve para sobrevivir. Y en él conocí a Marisa, veterinaria y experta en medicina natural. Me curó del hastío pero después de sanarme retrasé más de lo que debía alejarme de ella. Tenía muchas virtudes pero también un defecto inaguantable. Que me callaré. No insistas. Retrasé también el abandono de hábitos y manías que no me producían placer alguno y sí mucha dependencia de banalidades. Cuando dejé de fumar y reírle al marido de mi hermana mayor sus chistes malos me sentí bastante mejor. Mis pulmones me lo agradecieron y mis nocheviejas también porque dejaron de invitarme. Les daba pena, supongo. Pobre Pedro, sin nadie con quien partir el turrón duro. Y ahora, como me prometí, me bajo en marcha de mi obsesión por hacerme reproches sin darme nada a cambio”.

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