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La Opinión de A Coruña

Pedro de Silva.

La dictadura excluyente de la moda

Conocí todavía un tiempo, que hoy se ve primitivo, en que para tener un traje o un vestido se compraba la tela en almacenes de tejidos para luego llevarla al sastre, sastra, modista o costurera que tras tomar medidas, aplicar patrones y mirar fotos componía el invento. Aunque vistas las fotos antiguas el resultado no era malo, no había la libertad actual para elegir atuendo, en general barato, en tiendas, cadenas y grandes almacenes que al disputarse el comprador favorecen la competencia. Sin embargo, la libertad es solo aparente, pues el comprador debe ajustarse al estricto repertorio de la moda (cuya presencia en cartel dura lo que dura) ya que para cada atuendo o cada gusto todas las tiendas dan la misma dieta. La moda, al propio tiempo, deja fuera de circulación al que no va muy atento en seguirla, haciéndolo raro y antiguo en cuanto se descuida o intenta evitar que lo empujen.

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