Cuenta la mitología griega que Tetis, madre de Aquiles, ansiaba tener un hijo inmortal, y que, movida por ese deseo, probaba la inmortalidad de sus hijos en cuanto nacían, de una forma un tanto curiosa. Según unas fuentes, los acercaba al fuego, y según otras, los sumergía en agua hirviendo, (tanto da que da lo mismo) con el resultado de que los hijos se le morían abrasados, demostrando así su condición mortal. De esta prueba práctica, tan eficaz como inhumana, se salvó Aquiles gracias a la intervención de su padre. Lo demás ya lo conocemos todos. Se puede acusar a Tetis de crueldad y de cierta locura, pero desde luego, hay que reconocer que su prueba demostraba al cien por cien quién era mortal y quién no. A veces, parece decirnos la mitología, el fin justifica los medios, y a veces, como nos dice la historia, de la que no hemos aprendido nada, la decisión más loca y más cruel es la que suele parecer mejor a la mayoría. Hablamos ya de realidad, no de mitos, y de personas, no de héroes, por más que aquí más de uno se crea habitante del Olimpo. Hablamos de Trump, quien en su discurso en la convención de la Asociación Nacional del Rifle, ha prometido armar a los profesores, entrenarlos para que puedan parar los ataques, colocar policías en todas las entradas, defender las armas, y convertir las escuelas no en templos del saber sino en búnkeres de la guerra contra el demonio. Arderá en el infierno, ha dicho del chico que apenas cumplió los dieciocho compró más de seiscientas balas y dos rifles para provocar la masacre en la escuela infantil de Uvalde, en Texas. Matan los abortos, no las armas, corean muchos seguidores de Trump. La existencia del mal en nuestro mundo no es razón para desarmar a ciudadanos que cumplen la ley, es una de las mejores razones para armarlos, afirma el expresidente. Y la posibilidad de que un hijo se queme no puede ser obstáculo para probar si es mortal, debía de pensar Tetis. Claro que ahora hablamos de mitología, de muertes en el papel, mientras que en Texas, Trump habla de otro tipo de realidad, una paralela en que la solución al abuso de las armas no es la educación en las escuelas sino más armas para las mismas escuelas en las que se debía educar. Y así, entre calderos de agua hirviendo y rifles de asalto, los simples mortales no pasan la prueba, y los héroes de pacotilla se preparan para una guerra sin precedentes, entre la razón y la locura, que tendrá muy poco de épica pero mucho de tragedia.